La novena audiencia del juicio por la muerte de Diego Armando Maradona se centró en los testimonios de médicos del Sanatorio Ipensa de La Plata, donde el astro futbolístico se realizó estudios que detectaron el hematoma subdural que derivó en su posterior operación.
La jornada comenzó con un inconveniente técnico que demoró el inicio al menos dos horas. El sistema de sonido de la sala no funcionaba debido a un problema en la potencia de la consola donde están conectados los micrófonos. Entre risas, algunas de las partes mencionaron el "fantasma de Makintach", en referencia a la ex jueza protagonista del escándalo judicial que derivó en la nulidad del primer debate.
El primer testigo fue Marcos Correa, médico clínico del Sanatorio Ipensa, quien declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal N° 7 de San Isidro. Correa explicó que coordinó con el neurocirujano Leopoldo Luque una serie de estudios generales y una tomografía el 2 de noviembre de 2020.
"Tuve una conversación con Luque, que era su médico de confianza, y me dice que (Maradona) era un paciente con cambio en su conducta, depresivo, poca ingesta de líquido y que estaban preocupados por su salud", recordó el médico ante los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón.
El clínico relató que Maradona le expresó su cansancio: "Estoy cansado de hacerme estudios médicos, siempre me sacan sangre". Al día siguiente, el paciente se encontraba mejor orientado en tiempo y espacio, según el testimonio.
Tras descubrirse el hematoma subdural crónico, surgió una discrepancia médica. El neurocirujano de Ipensa, Guillermo Burry, consideraba que debía tomarse una "conducta expectante", es decir, no operarlo. Sin embargo, Luque pensaba distinto y sostenía que era quirúrgico.
"No era una urgencia porque no había un foco neurológico como dificultad en la motricidad o una cardioinsuficiencia. Además llevaba unos días, no era reciente", explicó Correa sobre la posición de Burry. Finalmente, se decidió trasladar a Maradona el 4 de noviembre a la Clínica Olivos, donde fue operado esa misma noche.
El segundo testigo fue el cardiólogo Oscar Franco, también de Ipensa, quien aclaró que solo conocía los antecedentes cardiológicos de Maradona a través del conocimiento público, como el evento que padeció en Uruguay en enero de 2000. Franco solicitó un ecocardiograma, una ecografía de tórax y un electrocardiograma "para descartar una enfermedad coronaria", aunque no examinó personalmente al paciente.
El cardiólogo mencionó que en una consulta previa en la Clínica Olivos, los médicos le habían dicho a Maradona que "estaba bien" tras realizarle estudios básicos. La idea era hacer algo "general y rápido, por el tema del coronavirus", según Franco.
El juicio continúa con la declaración de testigos clave en el caso que investiga las circunstancias de la muerte del ídolo futbolístico el 25 de noviembre de 2020 en una casa de Tigre, donde se recuperaba tras la operación cerebral.

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