Una tragedia que pudo evitarse sacude a Lobería, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Gonzalo Frascuelli, de apenas 19 años, protagonizó su segundo accidente fatal en menos de 16 meses, esta vez cobrándose la vida de Lucía Ermiaga, una madre de 52 años que estudiaba psicología.
El siniestro ocurrió en la madrugada del 1° de mayo, en la esquina de 25 de Mayo y 1° de Mayo, en pleno centro de la localidad. Frascuelli conducía un Volkswagen Bora cuando impactó contra el Fiat Uno donde viajaba Ermiaga junto a sus tres hijos varones.
La mujer perdió la vida en el acto tras el violento choque que volcó su vehículo. Uno de sus hijos menores, de 12 años, sufrió fractura de clavícula. Minutos antes habían salido del resto bar Faro, donde celebraban el cumpleaños de Urko, el hijo mayor que había cumplido 18 años el día anterior.
Julio Ardanaz, esposo de Lucía y padre de los mellizos, se enteró de la tragedia mientras participaba de un torneo de truco en el club Independiente, donde trabaja como entrenador de Reserva.
La víctima era muy querida en Lobería. Profesora de yoga, había decidido estudiar Licenciatura en Psicología a los 50 años y cursaba segundo año. 'Lucía llegó a nuestras aulas con un sueño que había esperado mucho tiempo', expresó la Universidad en un emotivo posteo.
Sin embargo, este no era el primer accidente fatal de Frascuelli. El 23 de diciembre de 2024, también a las 0.30, había protagonizado otro siniestro en la ruta provincial 227 que le costó la vida a Mateo Lauga, de 19 años, hijo único del reconocido recitador Fernando 'Topo' Lauga.
En aquella ocasión, Frascuelli conducía un Toyota Corolla que perdió el control tras golpear un pozo, terminando volcado contra una alcantarilla. 'Era homicidio culposo agravado, pero al caso lo declararon como accidente y hace aproximadamente un mes cerraron la causa', reveló el padre de Mateo.
Un detalle escalofriante: a Frascuelli le habían negado la renovación de la licencia de conducir en Lobería. Pero fijó domicilio en San Cayetano, a 140 kilómetros, donde logró obtener el carnet. Sus padres -él contratista rural, ella contadora- le compraron el Bora que exhibía en redes sociales junto a su pasión por las picadas y autos de competición.
'Al poco tiempo del accidente de Mateo, volvió a manejar y siguió con su vida como si nada hubiera pasado', denunció Fernando Lauga, quien había alertado a las autoridades sobre el comportamiento del joven. 'Yo les advertí a los inspectores de tránsito, al intendente y a la fiscalía que este pibe otra vez andaba haciendo picadas, que se iba a mandar otra macana y lamentablemente nadie hizo nada'.
El caso expone las fallas del sistema de control vehicular entre municipios bonaerenses y la falta de seguimiento a conductores con antecedentes. Lobería, conocida por su tradición automovilística desde los tiempos de Oscar 'Pincho' Castellano en el Turismo Carretera, ahora llora a dos víctimas que pudieron salvarse.

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