El Jardín Japonés, en el barrio porteño de Palermo, sumó una nueva propuesta para recorrer con calma: el Camino de la Longevidad, un sendero que invita a bajar el ritmo y entrar en un espacio de meditación y recreación.
La novedad se instaló sobre la avenida Casares al 3500, con una serie de 16 portales típicos llamados torii. Cada uno representa un valor, como la sencillez, la honestidad y la confianza, y el recorrido desemboca en la entrada principal del jardín.
En la cultura japonesa, el torii marca la transición de un espacio a otro, como el pasaje de lo profano a lo sagrado en la entrada de un templo. En este caso, la idea es otra: invita a relajarse para entrar a disfrutar de ese pedacito de Japón en Buenos Aires.
Desde el Jardín Japonés explican que, si uno recorre el camino conectándose con la naturaleza y los valores expuestos, prestando atención al cuerpo y a los deseos, va por buen camino en el sentido de la larga vida. No es una promesa mágica, sino una invitación a la conciencia.
El espacio fue donado a la Ciudad de Buenos Aires en 1967 por la comunidad japonesa para la visita de los príncipes Akihito y Michiko, luego emperadores. Después de un período de descuido, el jardín reabrió en 1979.
Para lograr el paisaje montañoso propio de Japón, se trajeron 18 toneladas de piedras y se plantaron cerezos, entre otros árboles. Cada invierno llega la fiesta del sakura, la lluvia de pétalos rosados, y el jardín cambia con las estaciones.
Los puentes rojos también son metáforas. El Taiko Bashi, curvo, alude al pasaje de la Tierra al cielo. El segundo conduce hacia la isla de los remedios milagrosos, y el tercero, Yatsu Bashi, tiene una estructura en zigzag y se llama el puente de las decisiones.
En la entrada principal aparece el Shureimon, un portal típico de Okinawa, de donde vino alrededor del 80 por ciento de los japoneses que viven en Argentina. A cada lado del pórtico hay esculturas de hisa, perros-leones guardianes.
El jardín no entrega todo de golpe. Hay que entrar y andar un rato, preferiblemente un día de semana, para ver sus pagodas, faroles y estanques con peces koi. Cada piedra, puente y portal parece tener algo para decir, en un refugio de agua, madera y arte a pasos de las avenidas.
Con información de: Clarin - Ciudades, nota sobre el Jardín Japonés.

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