Para los productores agropecuarios de la región pampeana y zonas cercanas al AMBA, el problema más grave ya no son solo las retenciones o el clima. Un enemigo silencioso avanza sin respetar alambrados: el chancho jabalí, una especie invasora que está causando pérdidas millonarias en cultivos y ganado.
Introducido décadas atrás desde Europa y Asia, el jabalí se convirtió en una de las especies invasoras más problemáticas del país. Su expansión afecta especialmente a productores del Gran Buenos Aires, donde destruye cultivos, compite con la fauna nativa, depreda corderos recién nacidos y consume enormes cantidades de alimento destinado a la producción.
En el Litoral, la Patagonia y zonas pampeanas cercanas a Buenos Aires, el problema alcanzó dimensiones alarmantes. Los productores reportan pérdidas significativas en rindes, daños en pasturas y lotes recién implantados, además de ataques constantes a majadas ovinas que abastecen el mercado porteño.
Christopher Sly, abogado convertido en especialista en control de especies invasoras, encontró una solución innovadora junto a su socio Juan De Rosa. "Hoy eliminar a los jabalíes no es posible, pero sí controlarlos", asegura quien dedicó más de cincuenta años al negocio de los seguros antes de involucrarse en esta lucha.
Todo comenzó en un campo familiar ubicado en Junín de los Andes, cuando decidieron transformar la propiedad en un lodge de turismo rural. Fue entonces cuando descubrieron el impacto devastador que los jabalíes generaban en la zona, especialmente con la dispersión de rosa mosqueta.
"Los jabalíes consumen los frutos y dispersan las semillas por todos lados, generando montes prácticamente impenetrables", recuerda Sly. La búsqueda de soluciones lo llevó a investigar experiencias internacionales, descubriendo que el problema se extendía por todo el país, especialmente en Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe.
La solución llegó desde Estados Unidos con un sistema desarrollado por la empresa PigBrig. A diferencia de las trampas convencionales que capturan uno o dos animales, este sistema busca atrapar a toda la piara simultáneamente.
La estructura consiste en una red pentagonal sostenida por postes que permanece elevada para permitir el ingreso de los animales. El proceso comienza con el cebado durante varios días, mientras una cámara monitorea los movimientos durante el período de actividad nocturna.
"La clave es esperar hasta que toda la piara entre con confianza. Cuando vemos que todos están entrando regularmente, bajamos la red y la disponemos en modo activo", explica Sly. Una vez activada, los animales pueden ingresar levantando la red con el hocico, pero ya no logran salir.
La red flexible también reduce el riesgo de lesiones, a diferencia de las estructuras rígidas de hierro que pueden lastimar a los animales. Esta tecnología representa una esperanza para los productores del AMBA y la región pampeana que enfrentan pérdidas crecientes por esta invasión silenciosa.
El sector porcino también está en alerta, ya que los jabalíes pueden ser vectores de graves enfermedades que afectarían la producción destinada al consumo del Gran Buenos Aires, donde se concentra el mayor mercado cárnico del país.

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