Este domingo, el fútbol argentino vuelve a poner en el centro de la escena a los dos clásicos que más ruido generan en el área metropolitana: Independiente y Boca se enfrentan en Avellaneda, mientras que River y Racing chocan en Núñez.
Son duelos con más de 200 partidos en su historia y con la presión de un Torneo Clausura que no perdona. La previa está discutida, mucho más en la era de las redes sociales, donde todos se ponen el traje de técnicos.
El clásico más reciente no trae felices augurios. El derby que se disputó en el Cilindro fue de bajo vuelo, un partido descartable en el que primó el miedo a perder. Hubo un tiempo para cada uno, las polémicas que siempre aparecen en la escena y un punto que le sirvió más a Independiente que a Racing.
Boca y River, sobre todo Boca, están en otra órbita. Si el deseo de los equipos que habitan la orilla bonaerense del Puente Pueyrredón -también, de San Lorenzo- es subirse al ring de los dos colosos, hoy están a años luz.
Los xeneizes llegan entonados por el impulso de haber logrado el pase a la final de la Sudamericana en el Maracaná. De aquí al 19 de diciembre, puede ganar cinco estrellas.
La primera es la Copa, que se define ante Atlético Mineiro en Barranquilla el 21 de noviembre.
Después vienen la Tabla Anual, la Copa Argentina, el Torneo Clausura y el Trofeo de Campeones.
Boca domina la Tabla Anual con 54 puntos y una mejor diferencia de gol que Argentinos Juniors.
El gigante de banda roja parece haber despertado en Córdoba. De besar la lona con Eduardo Coudet pasó a estar entre los ocho mejores y aplastar al campeón Belgrano en el Mario Alberto Kempes.
Fue el mismo escenario de la caída que empezó a resquebrajar el ciclo del Chacho. Con una inversión faraónica, explotaron Angel Correa y Thiago Almada, entre otros, y se vio un mejor funcionamiento colectivo que empieza a asomar de la mano de Leonardo Ponzio.
Independientemente del brillo individual, cómo habrá sido que se apagó, al menos por ahora, el ruido que hizo Ramón Díaz en la banda roja.
El River necesita un triunfo de alto impacto. Porque juega ante su público, porque tiene que asegurar su presencia en la próxima instancia y porque todavía está encendida una luz de esperanza para jugar en la Sudamericana 2027.
El duelo con Racing dejó claro que Maximiliano Meza debe jugar de enganche y no por afuera.
Con el ingreso de Matías Abaldo en lugar de Luciano Cabral, Jadson Viera mejoró al equipo y en el segundo tiempo no solo logró el empate; también, mereció quedarse con los tres puntos.
Los laterales fueron el punto más flojo. Sobre todo, a la derecha con Santiago Arias. Sin embargo, el único cambio sería la presencia del uruguayo en reemplazo del mendocino nacionalizado chileno.
Boca es un equipo que puede aprovechar esa falencia porque suele atacar con Lautaro Blanco o Leonel Flores por ese sector.
De cualquier modo, Rodolfo Arruabarrena decidió darle descanso al lateral rosarino, quien disputó 23 de los 24 partidos del ciclo del Vasco.
En su lugar estaría Malcom Braida, aunque no hay que desechar a Ayrton Costa, que conoce el puesto.
La disputa del medio estará abordada con tres volantes que superan en número al doble cinco que suele proponer Independiente.
Con información de: Clarín y Último Momento.

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