El comercio exterior argentino atraviesa una etapa de liberalización que lo llevó a un lugar más central en la economía. Para Gustavo, quien trabaja en importaciones, el cambio implica que “alguien estornuda en algún lado y se modifica toda la logística”.
El especialista describe que el rubro dejó de ser visto como un sector al que poner trabas y hoy se observa con otra mirada, con aumento de exportaciones, importaciones y superávit comercial. Esa dinámica se apoya en la estabilidad macro y en nuevas financiaciones.
Antes, con un dólar inestable y dificultades para adquirirlo, muchas empresas anticipaban la compra de máquinas como resguardo de valor. Hoy, esa práctica pierde sentido porque los bienes en dólares ya no funcionan como una cobertura automática frente a la incertidumbre.
La demanda bajó, pero las financiaciones bancarias en dólares ofrecen tasas más competitivas. Eso permite a las empresas apalancarse para financiar importaciones y mantener stock, algo que antes no se podía sostener con capital propio.
Un cambio clave aparece en la relación con los proveedores chinos. Antes, cada norma del Banco Central generaba consultas por el riesgo de que se cortara la cadena de pagos. Hoy, esa flexibilidad permite negociar financiación de la operación y mirar la compra con otros ojos.
“Antes no se me ocurría pedirle una financiación a un proveedor chino, porque era un no rotundo”, cuenta Gustavo. Hoy, esa misma operación puede negociarse porque el proveedor entiende mejor el nuevo escenario y el riesgo de corte de pagos ya no domina la conversación.
El profesional también destaca que el cambio obliga a hacer ventas sanas. “Por ahí perjudica un poco, pero es sano para la economía en general”, explica, y advierte que estas desestabilizaciones van a ocurrir hasta que se termine de acomodar todo al nuevo modelo.
El problema central, sin embargo, es el tiempo de tránsito. Los 45 días desde China que existían hace un tiempo largo ya no son la referencia: hoy se parte de 60 o 65 días, y en algunos casos llegaron a 70.
Un trasbordo en un puerto chino y un ciclón pueden atrasar más la carga. Además, el flete puede modificarse hasta 100% en dos meses: un contenedor desde China estuvo en 2.000 dólares y llegó a 12.000 dólares.
Para el área comercial, el desafío es transmitir que el plazo de entrega ya no es fijo. “El mapa es igual, pero China se alejó y el tiempo es costo”, resume Gustavo, que insiste en que los equipos comerciales contemplen la variabilidad antes de prometer fechas.
El mensaje de fondo es que importar hoy exige flexibilidad, financiamiento y una gestión más cuidadosa de los plazos. En un modelo más abierto, la incertidumbre logística se convirtió en un factor de precio y en un reto para las pymes que buscan integrarse a cadenas globales.
Con información de: Infobae, en su nota sobre importaciones.

Comentarios