La historia de Carlos Abriata comenzó en Salta y Tartagal, donde se enamoró del fútbol con los colores de Boca. Hoy, a los 42 años, este ingeniero industrial se sienta en la mesa de Gianni Infantino y Alejandro Domínguez, y su empresa provee el soporte tecnológico para la venta de entradas de 9 de los 15 eventos deportivos más importantes del planeta.
El salteño, hijo de una familia de clase media y nieto de inmigrantes italianos, viajó por toda Sudamérica siguiendo a Boca hasta llegar a Japón con el inolvidable equipo de Carlos Bianchi. Su carrera lo llevó desde el negocio del Oil & Gas en Bolivia hasta fabricar ductos en Shanghai, donde tenía que trasladarse a Hong Kong para ver los partidos de la Libertadores "porque había que hacer malabares con los VPN en China".
El punto de inflexión llegó durante la Eurocopa 2016 en Francia, cuando conoció a dos empresarios suizos dueños de un consorcio tecnológico. "Yo le puse la cabeza del hincha", explica Abriata a Clarín. Esa sociedad fluyó y hoy es CEO de Fantix y partner de Secutix, la empresa que creó el software desarrollado especialmente para FIFA.
"Trabajamos para que FIFA llegue directamente al hincha. Con nosotros hay una desintermediación, como el blockchain con las criptomonedas, que no necesitan de los bancos", explica el empresario. Su plataforma también tiene como clientes al torneo de Wimbledon, al circuito de F1 en Silverstone, la Champions League y el estadio de Wembley.
Sobre los precios de las entradas, Abriata es categórico: "Estamos ante el Mundial más caro de la historia". Los precios obedecen a las reglas del mercado americano de oferta y demanda. "Para ver la final del fútbol americano universitario tenés que pagar un ticket de 4 mil dólares. Estamos hablando del país con mayor poder adquisitivo del mundo", argumenta.
El ingeniero destaca que en Kansas, donde está concentrada la Selección Argentina, hay más de 50.000 familias consideradas millonarias. "México, donde se juegan 13 partidos, es el consumidor número uno de fútbol y Fórmula Uno. La final cuesta 8.300 dólares. ¿Sabés por qué? Porque es lo que se paga para ver el Superbowl y el Mundial es eso multiplicado por 200 países".
Según Abriata, esta estrategia de precios también busca evitar la reventa: "FIFA se cansó de poner al expendio entradas a 2.500 dólares y que te las revendieran a cifras exorbitantes". La tecnología permite que los hinchas puedan revender directamente a través de la plataforma oficial con garantía de autenticidad.
Como hincha de Boca y socio del club, Abriata no oculta su preocupación por el presente xeneize tras la eliminación de la Libertadores: "Boca perdió el rumbo, su esencia. Siempre fue el esfuerzo del laburante, una inspiración", reflexiona sobre la gestión de Juan Román Riquelme.

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