Una grieta visible desde la vereda en uno de los pináculos de la torre principal de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya obligó a las autoridades a cerrar el tránsito en la esquina de Avenida Sáenz y Esquiú, generando un caos vehicular en pleno corazón del sur porteño.
Este sábado, toda la fachada del histórico templo quedará envuelta por andamios de protección para evitar que los desprendimientos de mampostería lastimen a los peatones. La rajadura, que según testigos "luce como si hubiera sido alcanzada por un rayo", es tan pronunciada que se puede observar claramente desde la calle.
Fabio Huser, titular de la empresa FLH Vitrales encargada de la restauración, explicó que el deterioro se debe a la falta de mantenimiento en la construcción centenaria. "El hierro que se encuentra en el interior de la estructura se oxida y se expande, rompiendo la mampostería", detalló el especialista.
El cierre del tránsito, implementado por la Guardia de Auxilio de la Ciudad desde el viernes, afecta directamente al Centro de Trasbordo Avenida Sáenz, un nodo clave que conecta diariamente a más de 350.000 pasajeros a través de 17 líneas de colectivos, la estación Sáenz del Ferrocarril Belgrano Sur y los carriles del Metrobus Sur.
La obra de restauración, que será financiada íntegramente con fondos de la parroquia y la comunidad, demandará aproximadamente dos meses de trabajo. Huser tranquilizó a los vecinos al confirmar que la estructura del templo se encuentra "estructuralmente en buen estado de conservación", pese a las rajaduras superficiales.
La iglesia, diseñada por el arquitecto italiano Augusto César Ferrari a principios del siglo XX, presenta una fachada de arena y cal, un revestimiento tradicional de la época que permitía la "respiración" de los muros para evitar la humedad. Durante los trabajos de evaluación, los especialistas encontraron zonas con hasta 11 capas de pintura superpuestas.
Como ocurre con la mayoría de los íconos patrimoniales religiosos de la Ciudad, el templo no recibe fondos del gobierno porteño para este tipo de obras de conservación, dependiendo exclusivamente de las contribuciones de los fieles y la comunidad del barrio de Nueva Pompeya.
Ferrari, quien llegó a Argentina en 1914 precedido de su fama en Italia por la técnica del "panorama" - obras pictóricas hiperrealistas de enormes dimensiones -, fue el responsable del diseño de la iglesia, el santuario y el claustro que hoy constituyen uno de los principales referentes arquitectónicos del sur de Buenos Aires.

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