La actriz Graciela Borges compartió en sus redes una emotiva despedida de Sarita, una de sus perras, con una imagen en la que aparece inclinada sobre una camilla cubierta con toallas de colores. La publicación incluyó la frase “Para siempre en mi corazón, guerrera amada” y una tarjeta escrita a mano con tinta negra que decía “Cerrado por melancolía”.
El posteo conmovió a sus seguidores y mostró, una vez más, la relación de la diva del cine argentino con los animales. No es la primera vez que Borges utiliza sus redes para hablar de sus mascotas con la misma naturalidad con que lo hace de su carrera o de sus afectos más cercanos.
Según contó la propia Graciela Borges al medio especializado Ohmydogmagazine.com, Sarita llegó a su hogar a través de Mascotas en Adopción, una organización con la que mantiene un vínculo de agradecimiento. La perra fue rescatada de la calle y se convirtió en compañía cotidiana de la actriz.
La incorporación de Sarita se produjo tras la partida de Pancha, una rottweiler a la que la actriz tuvo durante 13 años. Fue justamente Mascotas en Adopción quien le acercó a la pequeña perra rescatada en ese momento de duelo, y con el tiempo logró volver a traer luz y alegría a la casa.
El vínculo entre ambas fue creciendo hasta convertirse en parte inseparable de la rutina de la actriz. Borges describió a Sarita como una “guerrera”, un término que sus seguidores interpretaron como una referencia a la fortaleza que la perra demostró a lo largo de su vida.
La imagen del último posteo, en la que se ve a la actriz inclinada sobre la camilla junto a Sarita, refuerza la dimensión de ese vínculo: una presencia constante hasta el último momento. En esa oportunidad, Graciela Borges aprovechó para transmitir un sentido mensaje.
La actriz señaló que “todos los perros merecen una segunda oportunidad” y convocó a sus seguidores a promover la tenencia responsable, la castración y la adopción de mascotas.
El vínculo entre la actriz y Sarita quedó registrado mucho antes de esta despedida. En junio de 2014, Borges publicó en su cuenta de X (entonces Twitter) una foto junto a la perra desde su casa, con la frase: “Con Sarita, mi pequeña elegida con el corazón. Bosteza de felicidad. Adopten tuiteros queridos”.
Esa publicación ubica el comienzo de la convivencia hace al menos 12 años y muestra que el llamado a la adopción fue una constante a lo largo de todo ese tiempo. A lo largo de distintas entrevistas y posteos, Borges dejó constancia de que los perros rescatados ocupan un lugar central en su vida.
Cada animal que incorporó a su familia llegó desde la calle o a través de organizaciones de rescate, y cada despedida fue acompañada de palabras públicas de afecto. En el caso de Sarita, la historia cerró con la misma intensidad con que había comenzado: una adopción impulsada por el amor y una pérdida procesada a la vista de todos.
La perra, que llegó como una segunda oportunidad después de Pancha, se fue como lo que fue durante todos los años que vivió junto a Borges: una compañera irremplazable.

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