A diez años de su muerte, Nicolás García Uriburu vuelve a ocupar museos, colecciones y reservas con una obra que mezcló activismo ecologista, pintura, performance y una mirada política sobre el territorio.
El artista, nacido en Buenos Aires en 1937, estudió arquitectura y desde joven mostró un talento que luego se volvió una práctica sostenida. Su producción exploró el conservacionismo desde los años 60, en un momento en que esa discusión todavía no tenía el peso que tiene hoy.
“Me considero receptor del mundo exterior”, dijo en 1961 a La Prensa. En esa entrevista, García Uriburu rechazaba las teorías filosóficas como centro de su práctica y pensaba el arte desde la vida, la conciencia y la pintura.
La cita aparece en el libro Uriburu, reeditado y ampliado con obras producidas hasta 2016. Según Catalina Fabbri, coordinadora del Legado Nicolás García Uriburu, el texto original fue escrito por Pierre Restany en 2001.
El verde atraviesa su obra: los ombúes, los ríos, la vegetación con gatos salvajes y las aguas del Gran Canal de Venecia, que tiñó un 19 de junio, la misma fecha de su muerte pero 50 años antes. Esa imagen, Sures, funciona como portada y como síntesis de una obra que convierte el agua y el territorio en pregunta y demanda.
En la Argentina, el homenaje se despliega en varios espacios. La Colección Amalita exhibe tres cuadros vinculados a sus intervenciones y paisajes; el Museo Nacional de Bellas Artes muestra Utopía del sur en el hall de entrada; y el Museo Moderno lo incluye en Naturaleza arquitecta, hasta abril de 2027.
La conmemoración también llega a Bélgica, Seúl, Alemania, Chile y Brasil. En San Pablo, la fotografía intervenida Coloración MASP, Brasil, 1992 vuelve al MASP tres décadas después, dentro de Histories of Ecologies.
El proyecto más amplio se llama Utopías del Sur y busca preservar, transmitir y dar continuidad al mensaje de conservación de García Uriburu. Incluye la Reserva El Potrero, en Entre Ríos, y la reciente Reserva El Yerbal, en Aiguá, Uruguay, con acciones de reintroducción de especies, educación con escuelas y trabajo concreto sobre el territorio.
“Hay ciertos temas; por ejemplo, no volver a colorear las aguas”, cuenta Catalina Fabbri. Esa frase muestra cómo el legado no se entiende como repetición de gestos, sino como un conjunto de protocolos, digitalización y recatalogación de obras. En estos diez años, el trabajo familiar y profesional buscó profesionalizar lo que el artista dejó.
Con información de: Clarin y Ultimo Momento.

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