El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, reiteró este sábado su llamado a la fraternidad y la solidaridad durante la misa de Corpus Christi celebrada en las escalinatas de la Catedral Metropolitana, frente a la Plaza de Mayo.
Dos semanas después de su fuerte homilía del 25 de mayo, el prelado advirtió que los argentinos "estamos medio tuertos de violencia física y verbal" y que "nos tratamos como enemigos tan solo por pensar distinto" o no coincidir con el punto de vista del otro.
La celebración se realizó en el mismo sitio que entre la noche del viernes y la madrugada del sábado fue centro de peregrinación de miles de fans del Indio Solari, quienes se reunieron para llorar por la muerte del músico. García Cuerva aprovechó el momento para reflexionar sobre la necesidad de unidad nacional.
"No queremos vivir en una uniformidad que asfixia pero tampoco en una intolerancia que nos divide", enfatizó el arzobispo, citando al papa León XIV para sostener que "la eucaristía nos mueve a la justicia y a compartir" con atención preferencial hacia quienes sufren.
El prelado también dirigió críticas específicas a la realidad porteña, señalando que en Buenos Aires hay "mucha gente cansada, con hambre de Jesús" y apuntó contra "la miopía de los prejuicios" que impide ver las necesidades de quienes están "deambulando en las calles".
"A veces ciegos de ansiedad pasamos de largo, vivimos apurados, te atropellamos en cada persona que nos cruzamos", describió García Cuerva sobre el ritmo de vida en la Capital Federal, donde muchos vecinos transitan diariamente entre el trabajo y sus hogares sin detenerse a observar las necesidades ajenas.
Durante la procesión con el Santísimo Sacramento alrededor de la Plaza de Mayo, se realizó una parada frente a la Casa Rosada donde desde altoparlantes se pidió rezar por la Patria y los gobernantes. El personal policial se cuadró realizando la venia, y la ceremonia culminó con el canto del himno nacional.
García Cuerva explicó que la procesión buscaba "expresar nuestra fe y anunciar a la Ciudad que el pan de vida es el mejor remedio ante la indiferencia" y que frente a la violencia, la respuesta debe ser "paz y perdón".
El arzobispo instó a los cristianos a "responder al mal con el bien" y tener "el valor de salir de nosotros mismos" para inclinarse hacia la fragilidad de los demás. Abogó por buscar "con audacia y creatividad" que la ciudad "vuelva a llenarse de esperanza y paz" para construir un futuro mejor para las nuevas generaciones.

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