En Fuerte Apache, el emblemático barrio del partido de Tres de Febrero, las palabras "Paulina" y "Ramoncito" no son nombres de personas sino contraseñas que marcan la diferencia entre la vida y la muerte. Cuando algún soldadito las grita, quienes venden droga en los pasillos saben que deben esconderse o que se avecina un enfrentamiento.
El barrio Ejército de los Andes, rebautizado como Fuerte Apache por la película Fort Apache, The Bronx, vive bajo un sistema de códigos secretos donde cada pasillo tiene sus reglas. Los vecinos han aprendido a convivir con un toque de queda no escrito: a las 21 horas deben estar encerrados en sus casas con las persianas bajas, y después de las 23, las calles quedan vacías.
"Estamos acostumbrados, entre ellos hay guerra", explica Teófila, vecina de 30 años en el barrio. "Se escuchan todo el tiempo tiroteos. Tengo miedo de salir a trabajar porque hay tiro acá, tiro allá, se están matando", agrega la mujer que se despertó este jueves por el ruido de helicópteros sobrevolando la zona.
La madrugada del jueves, la Policía Bonaerense realizó un megaoperativo con 14 allanamientos para desarmar bandas ligadas al narcotráfico que se disputan el control territorial. El objetivo principal era Agustín Jerez, conocido como "Gordo Tilín", pero no lograron capturarlo. Sí detuvieron a 11 sospechosos y secuestraron cocaína, marihuana fraccionada, armas y municiones.
Los monoblocks de los nudos 11 y 12 son señalados como los más comprometidos con la actividad ilegal. Allí funciona un sistema donde la mercadería y el dinero nunca viajan juntos para evitar que alguien quede "pegado con todo encima". Los soldaditos controlan cada movimiento: quién entra, quién sale y especialmente quién habla de más.
"No queremos hablar porque se dan cuenta", explica una comerciante que atiende una verdulería frente a la plaza del tanque. "Si me ven que hablo con vos ya me marcan y le pueden hacer algo a mi familia", agrega con temor, prefiriendo no dar su nombre por seguridad.
Pablo, de 80 años, describe cómo los patrulleros hacen "ruido nomás" pero no cambian la realidad del barrio. Apenas se retira el móvil policial, la actividad ilegal se reanuda. "Los motochorros que salen a robar a Ramos Mejía o Liniers se juntan debajo del nudo 6", cuenta Juan, otro vecino octogenario que considera el operativo como "puro show".
La violencia escaló en las últimas semanas. La semana pasada, un hombre de 68 años recibió una bala perdida durante una noche donde se escucharon más de 30 disparos. Los enfrentamientos entre bandas rivales mantienen en vilo a las familias que intentan sobrevivir en un territorio donde el silencio se convirtió en sinónimo de supervivencia.
En este rincón del conurbano bonaerense, ubicado en Caseros, los vecinos señalan que hay cámaras de seguridad instaladas pero que la situación no mejora. "Hace más de 15 días que se están matando y nadie hace nada", lamenta Juan, mientras observa el tanque gigante que domina la plaza central del complejo habitacional.

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