El nombre "Fuerte Apache" quedó grabado en la memoria colectiva bonaerense desde que el notero José de Zer lo acuñó en los años 80, tras una balacera entre bandas delictivas en la urbanización de Ciudadela. Lo que entonces parecía una anécdota violenta, hoy se revela como el preludio de las "guerras" entre capos narcos que caracterizan al complejo habitacional más conflictivo del conurbano.
La historia del actual "Triángulo de las Bermudas" del crimen organizado comenzó en 1962, cuando el Estado intentó resolver el déficit habitacional siguiendo los criterios integrativos lecorbusianos. El proyecto original contemplaba mil hogares en lo que entonces se pensaba como una solución moderna a los problemas de vivienda del Gran Buenos Aires.
Sin embargo, la realidad socioeconómica del país conspiraba contra estos planes. El crecimiento desarrollista de los '60 coincidió con la crisis de complejos agroindustriales del NOA y NEA, generando un drenaje poblacional masivo hacia los grandes centros urbanos. Los migrantes internos, con menor capital educativo que el requerido por las industrias livianas, encontraron en estos complejos habitacionales su único refugio.
La dictadura de Onganía profundizó el experimento con el Programa de Erradicación de Villas de Emergencia (PEVE), diseñado para "ablandar" a la población villera en viviendas transitorias de 14 metros cuadrados antes de su radicación "civilizada" en las torres. Un proceso que se extendió por todo el AMBA con resultados similares.
Durante el gobierno de Lanusse, el proyecto se amplió a 2.400 viviendas para un total proyectado de 22.000 habitantes. La Secretaría de Vivienda compró dos lotes linderos y extendió el conjunto a 26 hectáreas, conformando el "Complejo Urbano Ciudadela I y II" con trece "nudos" de tres edificios de diez pisos interconectados por pasarelas aéreas.
El punto de quiebre llegó con el peronismo restaurado. Durante la presidencia de Cámpora, el complejo fue ocupado compulsivamente por grupos organizados, transformándolo en un laberinto caótico que fue rebautizado como "Padre Carlos Mujica" tras el asesinato del sacerdote tercermundista.
La dictadura militar de 1976 le dio su denominación actual: "Libertador General San Martín". Para entonces, el complejo ya formaba parte de un ecosistema poli-municipal entre Tres de Febrero, Morón y San Martín, rodeado de nuevas villas que crecían alrededor de los viejos barrios del primer cordón industrial.
Las erradicaciones posteriores tuvieron una connotación "estética" para el Mundial de Fútbol de 1978. A los trece nudos originales se sumaron cincuenta y dos "tiras" longitudinales de tres pisos, llegando a albergar 80.000 personas en condiciones de hacinamiento que sentaron las bases de la conflictividad actual.
Hoy, el Fuerte Apache representa el fracaso de 60 años de políticas habitacionales que, lejos de integrar socialmente a sus habitantes, crearon un enclave de marginalidad en el corazón del conurbano bonaerense. Un laboratorio urbano que evidencia cómo las buenas intenciones arquitectónicas pueden convertirse en pesadillas sociales cuando no se consideran las dinámicas reales de la pobreza y la exclusión.

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