Las principales fintech argentinas con operaciones en el área metropolitana enfrentan un nuevo paradigma tras años de volatilidad extrema. Según reconocieron cinco ejecutivos del sector en la última Experiencia Endeavor Buenos Aires, el desafío ya no es anticipar la próxima crisis, sino optimizar estructuras locales que se volvieron prohibitivamente caras en dólares.
La mayor estabilidad macroeconómica beneficia claramente a estas empresas tecnológicas a la hora de atraer inversión extranjera. Tomás Gutiérrez Rojas, CFO de Pomelo -fintech de infraestructura que ya levantó más de US$160 millones- destacó el cambio radical en la percepción internacional del riesgo argentino.
"En la Serie B, las proyecciones nos hacían excluir Argentina, porque los inversores no querían entender cuánto de los ingresos venía de acá", explicó Gutiérrez Rojas. "En la Serie C ya no se discutía el tema de Argentina... se empezó a ver con muchísimo mejor ojo este gobierno. Puedo medir y planificar mucho mejor que hace tres años".
Sin embargo, esta estabilización presenta una contracara operativa compleja. Con la inflación a la baja pero el dólar quieto, las fintech enfrentan costos en moneda dura que comprimen sus márgenes de rentabilidad.
Maxi Raimondi, CFO de Lemon, advirtió sobre este fenómeno que golpea directamente las estructuras de costos: "Tenés costos en dólares que están muy altos... y eso hace que se te afinen los márgenes". El problema afecta tanto a empresas consolidadas como a startups en etapas tempranas.
La competencia por talento tecnológico, donde los salarios en dólares se convirtieron en moneda corriente durante los últimos años, agrava esta situación. Tobías Alejandre, CEO de Skipit, coincidió en que el desafío central pasó a ser la eficiencia operativa en un contexto de costos dolarizados elevados.
La estrategia de regionalización sigue siendo clave para el crecimiento sectorial. "El mercado argentino sigue siendo chico. Es una muy buena prueba... pero para escalar tenés que escalar fuera", aseguró Julián Sanclemente, CEO de Alprestamo.
Los ejecutivos coincidieron en que el futuro del sector se define en el plano fiscal. Destacaron que el ecosistema tecnológico local demostró su potencial de crecimiento bajo incentivos como la Ley de Economía del Conocimiento y su predecesora, la Ley de Software.
Ante la consulta sobre si el Gobierno debería implementar regímenes similares al RIGI o RIMI para fintech, la respuesta fue unánime: cuando las reglas son claras y la carga impositiva baja, el capital privado responde con inversiones.
Ariel Becher, socio de EY, sintetizó el equilibrio fundamental: "Si a Fintech le das un ecosistema que pueda funcionar, que lo puedas apalancar, que tenga espacio y claridad de que va a funcionar a largo plazo, va a generar un mejor crecimiento". Para Becher, herramientas de incentivo impositivo con previsibilidad son indispensables para evitar que el talento local migre exclusivamente hacia el exterior.

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