El Filba 2026 abrió su 18.ª edición en el Auditorio del Malba con una defensa de los libros frente a las pantallas, el ajuste y la ciudad.
Pablo Braun, presidente de la Fundación Filba, bromeó al subir al escenario: “Me sacaron el atril”. Afirmó que era complicado inaugurar por decimoctava vez sin caer en lugares comunes.
Ante un auditorio lleno, Braun leyó un texto de su hija Rita, a quien presentó como “la más bonita”. El escrito pregunta cómo “estamos, de alguna manera, deshabitando el mundo en el que vivimos”, en una época en que las pantallas parecen una extensión de las manos y los rostros lucen clonados.
Braun reivindicó “el poder de las palabras” y su capacidad para que las personas vuelvan a mirarse a la cara. También advirtió que “el ‘no hay plata’ caló hondo” en la gestión cultural y que el Filba Nacional no se puede llevar adelante.
El ajuste también afectó a Filbita, que este año trabajará con escuelas y bibliotecas para que ningún niño se quede sin leer. Como contrapartida, Braun anunció un “festival eterno” con actividades literarias diarias en la librería Eterna Cadencia.
“Para encontrarnos, para escuchar el poder de las palabras, para mirarnos las caras, vamos a hacer un festival eterno”, sentenció. Añadió que cada día habrá una entrevista, lectura, performance o panel, “eterno, o por lo menos hasta donde nos den las fuerzas”.
La directora Amalia Sanz agradeció al equipo, a las instituciones, a los editores y a los artistas. Planteó el lema “Hábitat” como una “refundación del espacio compartido” ante la tiranía del dinero, la gentrificación y la crueldad individualista.
Sanz comparó la acción colectiva de la literatura “como el yuyito que aparece y rompe el asfalto en plena ciudad, indómito”. Para ella, los libros no son mercancías para el consumo individual, sino dispositivos políticos y afectivos capaces de tramar comunidad.
La programación internacional incluye al autor francés Emmanuel Carrère, que llegó esa misma noche a Buenos Aires, y a la narradora irlandesa Claire Keegan, que ya estaba en la ciudad. Ambos integran la nómina de invitados de cinco días de actividades en distintos puntos de la ciudad.
La noche cerró con un cortometraje de Eugenia Pérez Tomas y Elías Díaz, que combinó materiales de archivo, testimonios y paisajes de arquitectura urbana en tensión con la naturaleza. Después, la pieza performática Coral, dirigida por Pérez Tomas y conducida por Felipe Saade, convirtió el escenario en un espacio colectivo.

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