Con la llegada del frío, los consorcios de Ciudad de Buenos Aires viven uno de los momentos más tensos del año. El aumento de las tarifas de gas y electricidad, sumado al costo de mantenimientos y reparaciones, genera un impacto directo en las expensas que muchos propietarios e inquilinos ya califican como "imposible de sostener".
Nancy Vieitez, presidenta de la Cámara Inmobiliaria Argentina, confirmó que "en muchos edificios ya estamos viendo ajustes importantes en los gastos comunes, especialmente en aquellos con calefacción central, bombas de agua, ascensores antiguos o poca eficiencia energética".
El problema se agrava en los edificios más antiguos de barrios como Caballito, San Telmo y Barracas, donde las instalaciones de calefacción central tienen décadas de uso. Laura Colucci, de la Asociación de Inquilinos y Encargados de Renta y Horizontal (AIERH), explicó que "en los edificios con servicios centrales el impacto en las expensas es muchísimo más fuerte".
Para reducir costos, muchos consorcios adoptaron medidas drásticas: limitar los horarios de calefacción con timers automáticos o cortarla durante la madrugada. "No se deja prendida las 24 horas para evitar facturas muy elevadas", detalló Colucci.
Pero el consumo no es el único problema. El deterioro de las instalaciones genera gastos millonarios. "Hay consorcios que tienen todos los caños explotados o sistemas muy viejos. Cambiar cañerías de calefacción hoy tiene costos altísimos", señaló la especialista. Como ejemplo, mencionó que arreglar un departamento de 120 metros cuadrados costó entre cuatro y cinco millones de pesos el año pasado.
Matías Ruiz, presidente de Administradores Independientes de Propiedad Horizontal (AIPH), advirtió que durante el invierno "el gas sube mucho y además se mezcla el aguinaldo en la parte salarial. Todo eso complica la recaudación de expensas".
El impacto real se siente después de las primeras facturas de invierno. "Los reclamos empiezan más o menos después de la segunda factura desde que arranca el frío", explicó Ruiz. La incertidumbre es total: "Es difícil hacer estimaciones porque nadie sabe cuánto van a venir realmente las boletas de luz y gas".
Un caso emblemático es el de un consorcio de Caballito que el año pasado atravesó el invierno sin calefacción central por el recambio de la caldera, que costó $1.600.000 por unidad. Este año llegaron al frío con un conflicto mayor porque la empresa no reemplazó elementos clave y los caños presentan fallas.
Vieitez describió el círculo vicioso que se genera: "En algunos casos se generan atrasos en el pago de expensas y los consorcios tienen menos margen financiero. También vemos propietarios mayores o familias que deben reorganizar completamente sus gastos mensuales para poder sostener la vivienda".
La situación es particularmente compleja porque muchos edificios no pueden eliminar la calefacción central, ya que forma parte de los servicios originales del inmueble y modificar eso requiere decisiones de asamblea y acuerdos entre propietarios que, en la práctica, son muy difíciles de lograr.

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