Un esquema de estafa que parecía salido de una película se desarrollaba en pleno centro porteño: mientras los socios entrenaban, Leandro Ramón I. de 39 años aprovechaba para abrir los casilleros del gimnasio y usar las tarjetas de crédito ajenas con su propio posnet. La maniobra le permitió estafar $25 millones a cinco víctimas antes de ser descubierto.
El hombre fue detenido el lunes pasado en Brothers Fitness Club, ubicado en una zona céntrica de la ciudad, luego de que terminara su clase de boxeo. La Policía ya tenía identificado su modus operandi: llevaba un posnet al gimnasio y esperaba el momento oportuno para acceder a las pertenencias de otros socios.
Todo comenzó en abril cuando Marian F., de 36 años, denunció ante la administración del gimnasio un cobro inexplicable de $5 millones en su tarjeta de crédito. El cargo se había realizado durante el horario en que ella estaba entrenando, por lo que era imposible que hubiera autorizado la transacción.
La denuncia inicial destapó un patrón que se repetiría: cuatro personas más reportaron situaciones idénticas. Todos los cobros eran por el mismo monto, se realizaban durante las horas de entrenamiento y terminaban acreditados en una empresa llamada Chapería Integral, vinculada al estafador.
Brian, encargado del gimnasio, explicó que las víctimas guardaban sus billeteras en casilleros sin candado, que solo tienen una cerradura de media vuelta. Esta vulnerabilidad fue aprovechada sistemáticamente por Leandro I., quien era socio del establecimiento desde hacía dos años.
Las cámaras de seguridad del local fueron clave para identificar al responsable. En las grabaciones se observaba cómo el hombre se acercaba a los lockers durante su rutina de hora y media, abría uno por uno los casilleros y se detenía en aquellos que contenían pertenencias.
"Lo hacía con un poco de carpa y esperaba que no quedara gente adelante", detalló el encargado del gimnasio. En el horario de mayor asistencia, cuando podía haber 150 personas en el local, el estafador aprovechaba los momentos de menor vigilancia para ejecutar su plan.
En cuestión de segundos, mientras no estuviera a la vista de otros socios, usaba su terminal de cobro electrónico y pasaba las tarjetas ajenas con disimulo para realizar cobros de $5 millones cada vez.
El problema para las víctimas se agravaba porque Visa no reconocía los reclamos de reintegro. La empresa argumentaba que las compras habían sido presenciales y con tarjetas físicas que no habían sido denunciadas por extravío, obligando a muchos damnificados a pagar los montos estafados.
Cuando la policía fue a detenerlo, Leandro I. intentó negar su identidad y proporcionar datos falsos sobre su domicilio, pero los agentes ya tenían toda su información personal y conocían el detalle de sus actividades delictivas en el gimnasio.
El detenido quedó alojado en una comisaría local mientras la justicia investiga las estafas. La administración del gimnasio confirmó que está colaborando con las víctimas para ayudarlas a recuperar el dinero perdido y ha reforzado las medidas de seguridad en las instalaciones.

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