La Esquina Homero Manzi, el histórico café de San Juan y Boedo que es emblema del tango porteño, enfrenta el riesgo de cierre definitivo por una deuda laboral que escaló a $150 millones. Lo que comenzó como una condena de $5,3 millones se multiplicó por 25 debido a los intereses acumulados durante el proceso judicial.
El conflicto se originó cuando dos bailarines que trabajaron durante 9 años en el local iniciaron un juicio laboral tras considerarse despedidos durante la pandemia. La sentencia de abril de 2023 fijó una indemnización de $2.654.020 para cada uno, pero los intereses transformaron esa cifra en algo "impagable".
Gabriel Pérez, uno de los socios del negocio declarado Sitio Histórico Nacional, explicó a Clarín que "la deuda con los intereses escaló a $220.000.000. Se hizo una morigeración y sigue siendo una locura". Tras la reducción judicial, el monto final quedó en $66.345.063 para cada demandante, más $18 millones en honorarios profesionales.
La empresa Boedo Sur S.A. apeló la resolución y solicitó la aplicación del artículo 771 del Código Civil y Comercial, que permite moderar las tasas cuando producen resultados desproporcionados. Este martes el juzgado concedió el recurso y ahora el expediente se elevará a Cámara de Apelaciones.
Para complicar más el panorama, el café enfrenta otros tres juicios iniciados por bailarines en situación similar. El caso refleja un problema más amplio en los juicios laborales, donde condenas inicialmente razonables se vuelven impagables por la acumulación de intereses durante años de proceso.
La situación de la Esquina Homero Manzi recuerda al caso del restaurante Piegari, que en noviembre pasado quedó al borde del cierre por una condena superior a los $200 millones, también originada durante la pandemia. Su dueño, Alberto Chinkies, había expresado públicamente su imposibilidad de pagar: "¿Tengo que cerrar? Hace más de 30 años que estoy trabajando".
Para los vecinos de Boedo y los amantes del tango, la Esquina Homero Manzi representa mucho más que un café. Es el lugar donde cada noche sigue viva la memoria de Homero Manzi, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, y forma parte del circuito tanguero imprescindible de la Ciudad de Buenos Aires.
El local logró sobrevivir al cierre obligatorio de la pandemia y se convirtió en un símbolo de resistencia cultural en el barrio. Ahora, sus dueños esperan que la Justicia encuentre una solución que permita preservar este ícono porteño sin quebrar económicamente a quienes lo mantienen vivo.

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