Una red de corrupción que opera desde hace años en las compras de aeronaves oficiales quedó expuesta a través de conversaciones telefónicas que revelan cómo funcionarios y empresarios coordinan licitaciones truchas y se reparten sobreprecios millonarios.
Los audios, a los que accedió Clarín, muestran al lobbista aeronáutico Claudio Rubén Cavina -empleado del Ministerio de Justicia- intentando incorporar a un funcionario estatal al 'sistema' de corrupción que maneja contratos de la Casa Militar y otros organismos.
'Si jugás con los amigos, te van a llegar los caramelos', es la frase que sintetiza la mecánica de un esquema donde la corrupción no es una falla del sistema, sino su principal motor de funcionamiento.
El caso más emblemático es la compra de un avión Embraer ERJ-140LR por el cual la Fuerza Aérea pagó 4 millones de dólares cuando uno similar costaba 2,3 millones. Llamativamente, la aeronave ya estaba pintada por el proveedor elegido antes de que terminara la adjudicación.
En las conversaciones, Cavina busca reclutar al funcionario explicándole que 'hace falta armar un equipo de trabajo' y que él puede aportar el 'know how' para que 'todo fluya' sin problemas. El lobbista menciona que fue contactado desde la Casa Militar para 'dar una mano con algunos temas'.
La organización delictiva tiene proveedores fijos que Cavina enumera sin tapujos: Redimec SA (de Fabián Oyarbide), Masuma (de los hermanos Torres) y Pacific Ocean. 'Por los únicos que pongo las manos en el fuego', dice el lobbista, revelando la estructura empresarial del esquema.
Los audios forman parte de casi 30 gigabytes de información recolectados durante tres años que incluyen documentos, fotografías y videos. El material expone cómo se manipulan licitaciones desde las especificaciones técnicas hasta la liberación de pagos, pasando por dictámenes jurídicos.
El esquema requiere complicidad en múltiples niveles: funcionarios que firman adjudicaciones, técnicos que aprueban especificaciones y administrativos que liberan pagos. Con cada cambio de gobierno, la organización debe 'reclutar' nuevos secuaces en los organismos clave.
Cavina también advierte sobre empresarios que 'no tienen códigos', como Jaime Mejía de Aras Aero, a quien acusa de 'abrir la bocota' cuando debía limitarse a temas técnicos. Una clara señal de que el silencio es parte del negocio.
El caso expone cómo las oficinas que gestionan los aviones del poder operan más como una red de complicidades que como organismos de control. Los empresarios, en lugar de competir por contratos, coordinan movimientos fuera del radar oficial.

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