En un predio de cuatro manzanas en Tigre Sur, donde antes había una fábrica abandonada, hoy funciona Bote al Agua, una ONG que enseña a chicos en edad escolar a construir botes de madera como medio para aprender matemática, geometría y valores como compromiso y trabajo en equipo.
El proyecto, creado en 2018 por Daniel Helft, trabaja principalmente con chicos desde los 11 años y aplica la pedagogía llamada Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Esta metodología incorpora conocimientos a través de experiencias concretas que colocan a los estudiantes como protagonistas de su propio proceso de aprendizaje.
"Soy periodista, trabajé siempre en eso, pero mi lado B siempre fue la isla", cuenta Daniel Helft, quien los fines de semana navega hasta su casa del Arroyo Toro, en el Delta de Tigre. Su pasión por la navegación lo llevó a capacitarse en Estados Unidos con Joe Youcha, director de "Building to Teach", un proyecto de educación experiencial.
"Lo que más buscamos no es que hagan un bote, sino que el proceso les sirva a los chicos para construir su propia autoestima: la sensación de que están haciendo algo copado, distinto", explica el fundador de la iniciativa que funciona en la calle Castelli 150.
El primer día, los chicos hacen una maqueta del bote en cartulina y aprenden el Principio de Arquímedes. "Llenamos el botecito de tornillos y les mostramos cómo un bote que pesa 3 gramos puede cargar 40 o 50 gramos y no hundirse por la fuerza vertical que se produce desde abajo hacia arriba", detalla Helft.
Durante el proceso, los estudiantes aprenden a trabajar con herramientas de mano como escofinas, martillos, serruchos y cepillos. Para ubicar cada pieza, deben hacer cálculos matemáticos: determinar el punto medio del fondo para colocar la quilla y trabajar con proporciones como el 25% o un tercio de la superficie total.
Después de la segunda clase, el bote ya está montado y se puede ver su forma y tamaño real. En las siguientes diez o doce clases se trabaja en la construcción estructural que luego se emprolijará con cepillo y lija.
El último paso es la pintura, donde "dejamos que los pibes se apropien del proceso y de la creatividad", cuenta Daniel señalando un bote rojo en el jardín del taller: "Ese se llama el Bote McQueen, es como un auto, los remos los pintaron de negro porque serían los neumáticos".
El proyecto culmina con la "botadura", un acto celebratorio donde el bote viaja desde el taller hasta uno de los muelles públicos del río Luján. "Es un momento recontra celebratorio. Es tirarlo al agua, ver si flota, cómo se comporta y remar con los amiguitos", describe Helft sobre este momento que considera fundamental para cerrar el proceso de aprendizaje.

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