En medio de una crisis que golpea especialmente a las empresas textiles del conurbano bonaerense, el empresario Luciano Galfione lanzó una advertencia contundente sobre las consecuencias de la política industrial actual del Gobierno de Javier Milei. "No hay países desarrollados de más de 35 millones de personas sin industria pujante", sostuvo el presidente de la Fundación Pro Tejer.
Galfione cuestionó duramente las propuestas oficiales de reconversión laboral que sugieren que los trabajadores pueden adaptarse fácilmente a industrias completamente distintas. Puso como ejemplo la situación de una trabajadora textil de González Catán que mantiene un taller con otras mujeres mientras cuida a sus hijos, y la imposibilidad práctica de que pueda reconvertirse a la minería en el norte del país.
"No es posible realizar ese tipo de reconversión ni por capacidad física ni por condiciones reales", afirmó en diálogo con Ahora Play. El dirigente recordó que los procesos exitosos de reconversión industrial requieren décadas: Corea necesitó 25 años e Italia implementó 15 años de política industrial sostenida para consolidarse en el sector textil.
El empresario subrayó que Argentina, con 50 millones de habitantes, no puede equipararse con modelos como Chile o Paraguay. "Busquen un país de más de 35 millones de habitantes que sea desarrollado y que no tenga una industria pujante", desafió. Y agregó con preocupación: "Lo peor no es que se desindustrializa Argentina, sino que nos quedamos sin laburo".
La situación en los shoppings porteños refleja esta realidad: entre el 80% y 90% de los productos son importados. "Las zapatillas ahora son de Vietnam, porque no se fabrica ninguna zapatilla más en Argentina de las primeras marcas, y valen el doble que en Miami", denunció Galfione.
Los números de la industria textil son alarmantes: una caída del 27% interanual, importaciones que aumentaron más del 80% y una utilización de la capacidad instalada que apenas ronda el 30%. "Siete de cada diez máquinas permanecen paradas y ninguna empresa textil es rentable", describió el panorama actual.
Galfione apuntó contra la reducción de aranceles a las importaciones: "Le bajamos los impuestos a los chinos. Sí hay política y es cobrarle menos impuestos a quienes viven a más de 20.000 kilómetros de Argentina". El empresario explicó que mientras las empresas locales se endeudan a tasas del 40% o 50% anual, en otros países lo hacen al 3%, y Argentina registra una inflación mensual del 3% cuando en el mundo ese porcentaje suele ser anual.
Para el sector textil del AMBA, que concentra gran parte de la actividad nacional, estas políticas representan un desafío existencial que va más allá de los números: implica el desmantelamiento de un entramado productivo que genera empleo directo e indirecto en toda la región metropolitana.

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