La despedida del Indio Solari en Avellaneda se convirtió en un fenómeno histórico que desbordó las expectativas y quedó inscripto entre los funerales más populares de la historia argentina, junto a los de Eva Perón y Juan Domingo Perón.
Voceros del Ministerio de Seguridad estimaron una movilización cercana al millón de personas que se congregaron en el Microestadio Gatica para rendir homenaje al fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La magnitud de la convocatoria quedó reflejada en las colas que se extendieron por 70 cuadras hasta el límite con la Ciudad de Buenos Aires.
El velatorio abrió este domingo a las 10 de la mañana, una hora antes de lo previsto, debido a la llegada incesante de fanáticos desde la madrugada. La muerte del músico de 77 años se comunicó el viernes 5 de junio, después de que fuera hallado sin vida en la pileta de su casa de Parque Leloir, Ituzaingó. La autopsia determinó que la causa fue un accidente cerebrovascular.
Para historiadores y analistas, la despedida del Indio expuso un fenómeno que desborda la lógica de un funeral y entra en la zona de los ritos de pertenencia. "Es difícil encontrar algo parecido. Me resulta muy impresionante. Hay algo ahí que va más allá de lo racional. Tiene que ver con lo que representa: el alma de un pueblo", explicó el escritor e historiador Pacho O'Donnell.
El especialista destacó un dato generacional relevante: "La mayoría de los asistentes al velorio tenían alrededor de 40 años o más". Según O'Donnell, esa franja etaria fue a despedir "algo amado y perdido de la juventud", un vínculo en el que se mezclan recuerdos, rebeldía e ilusiones de otra etapa de la vida.
El politólogo Andrés Malamud coincidió en ubicar la masividad en una dimensión afectiva: "Se explica por el sentimiento de comunidad, la necesidad de reafirmar la pertenencia, la urgencia de compartir el duelo, el agradecimiento a nuestro único héroe en este lío".
La comparación con otros funerales históricos apareció de manera recurrente en los testimonios de especialistas. El fallecimiento de Eva Perón el 26 de julio de 1952 reunió a más de dos millones de personas en Buenos Aires, con filas de hasta dos kilómetros durante 14 días. El funeral de Juan Domingo Perón en 1974 convocó a más de un millón de personas en el Congreso Nacional.
"Evita y Maradona tuvieron despedidas comparables", recordó Malamud, quien descartó cualquier traducción política del fenómeno: "Los argentinos somos una tribu orgullosa de serlo". El politólogo fue categórico al descartar un cambio de humor político o traducción electoral de la movilización.
La singularidad del caso no estuvo solo en el volumen de gente, sino en el tipo de lazo que el músico generó con varias generaciones que lo convirtieron en memoria compartida e identidad colectiva más allá de la política. La despedida fue descripta como masiva y pacífica, características que reforzaron su carácter de rito de pertenencia colectiva.

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