El Banco Central atraviesa un momento excepcional: en los primeros cinco meses de 2026 acumuló US$ 9.756 millones, prácticamente el 97% de lo previsto para todo el año. Pero la paradoja es que, contra todas las expectativas, el peso se fortaleció en lugar de debilitarse.
Cuando el equipo de Santiago Bausili anunció a fines de 2025 que volvería a comprar divisas tras 8 meses de ausencia, el mercado esperaba presión alcista sobre el dólar. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario: el peso se apreció 11% en términos reales durante el año, recortando buena parte de la competitividad ganada con la devaluación de diciembre de 2023.
El dólar mayorista cerró el viernes en $ 1.410, retrocediendo 3,2% nominal y 16% real en lo que va del año. Esta fortaleza del peso responde a un salto en la oferta de divisas, impulsado por mayores exportaciones y liquidaciones de empresas que se financian en el exterior.
"En momentos de mayor oferta en el Mercado Libre de Cambios, las compras del BCRA siguen sin impactar en el FX", explicó la consultora LCG. El fenómeno se potencia porque el dólar también se debilitó internacionalmente, beneficiando a todas las monedas emergentes.
Pero esta apreciación genera preocupaciones. "Varios sectores (muchos con potencialidad competitiva) padecen el dólar barato, lo que podría tener un impacto no menor en términos de empleo y actividad", advirtieron desde LCG. Para las empresas del AMBA, especialmente las industriales y exportadoras, un peso fuerte erosiona márgenes y competitividad.
El escenario hacia adelante luce más desafiante. Desde GMA Capital señalan que "la cosecha viene dejando una oferta relevante de divisas, con liquidaciones acumuladas que ya superan los US$ 10.000 millones, pero este impulso empieza a quedar atrás".
El calendario de vencimientos añade presión: los compromisos de deuda en dólares acumulan más de US$ 32.000 millones entre 2026 y 2027, sin definiciones claras sobre cómo afrontarlos. Las empresas privadas emitieron US$ 11.900 millones desde octubre, anticipando volatilidad hacia 2027.
Para sostener la estabilidad cambiaria en el segundo semestre, podría requerirse tasas reales más altas para evitar mayor dolarización de carteras. Pero ese equilibrio no es inocuo: tasas más altas profundizarían la debilidad de la actividad en un contexto donde el consumo y los ingresos reales muestran recuperación limitada.
GMA proyecta que el tipo de cambio oficial convergerá hacia $ 1.670 en diciembre, con una dinámica de depreciación mensual más acelerada en la segunda mitad del año. En paralelo, la inflación encontraría dificultades para perforar sostenidamente la zona del 2% si el frente cambiario muestra tensión.
La "sintonía fina" que requiere este equilibrio macroeconómico será clave para determinar si la fortaleza actual del peso se mantiene o si, como anticipan varios analistas, la segunda mitad del año traerá mayor volatilidad cambiaria con impacto directo en la actividad económica del AMBA.

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