La Organización Meteorológica Mundial confirmó la consolidación e intensificación del episodio de El Niño tras el aumento sostenido de la temperatura de la superficie del mar en la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial desde mediados de agosto de 2026.
Los pronósticos estacionales indican una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno se mantenga desde septiembre de 2026 hasta febrero de 2027, con una intensidad muy fuerte antes de su pico.
El informe descarta la aparición de condiciones neutras o el retorno de La Niña durante este ciclo y anticipa que las condiciones se mantendrán al menos hasta principios de 2027. Ese escenario prolongado pone en contexto el riesgo hídrico en distintas zonas del país, incluida la región del AMBA, aunque el reporte no detalla cifras locales.
La Organización Meteorológica Mundial señaló que el fenómeno se fortalecerá hasta una intensidad muy fuerte antes de llegar a su punto máximo hacia finales de 2026. Esa proyección marca un período de mayor exposición a lluvias intensas, inundaciones y desbordes de ríos en las zonas que el pronóstico anticipa.
El Ministerio de Defensa de Bolivia informó que entre el 1 de junio y el 29 de octubre se registraron 114.048 familias afectadas por las sequías, en un país declarado en emergencia nacional. Dicha cifra aglutina a las familias afectadas en sus actividades y a las damnificadas, que soportaron pérdidas directas en sus medios de subsistencia.
El reporte da cuenta de 1.486 comunidades y 167.511 hectáreas de cultivos afectadas, de las que más de 60.000 reportan perjuicios, además de 75.013 cabezas de ganado perdidas. El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, mencionó que en varias regiones de Bolivia está lloviendo menos de lo necesario.
El funcionario señaló que la sequía afectó principalmente a la zona del altiplano y los valles, mientras que en otras zonas como los llanos es posible que enfrenten lluvias intensas, inundaciones y desbordes de ríos. Ese contraste muestra la complejidad del fenómeno: en algunas regiones hay déficit de agua, mientras que en otras aumenta el riesgo hídrico.
Para los vecinos de Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, la señal es clara: el fenómeno se extenderá durante varios meses y anticipa un ciclo con mayor probabilidad de lluvias intensas e inundaciones en distintas zonas del país. Aunque el informe no detalla cifras locales, el escenario exige mantener la atención sobre el riesgo hídrico en la región.
El pronóstico también subraya que el evento se mantendrá al menos hasta principios de 2027, lo que implica que la gestión del riesgo no puede limitarse a una sola temporada. La clave será leer el fenómeno con perspectiva regional, porque las sequías en unas zonas y las lluvias intensas en otras pueden generar impactos distintos según el territorio.
Con información de: Clarín - Último Momento.

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