El Hipódromo de Palermo celebra este mes dos eventos históricos que marcan su importancia en la vida porteña. Hoy se disputa el Gran Premio República, la cita más importante del calendario turfístico argentino, mientras que el 7 de mayo se conmemoran los 150 años de la inauguración de esta emblemática institución del barrio de Palermo.
La historia comenzó en 1874 con tribunas de madera, ladrillos y techos de zinc que recibieron a 10 mil personas en su día inaugural, una multitud para aquellos tiempos. A diferencia de lo que ocurría en las ciudades europeas, donde el turf era exclusivo de las élites, en Buenos Aires se popularizó convocando a todas las clases sociales y llegando a vender un millón de entradas al año en sus épocas de mayor esplendor.
La transformación arquitectónica llegó años después, cuando el arquitecto francés Louis Faure Dujarric diseñó y construyó las tribunas, pórticos de ingreso y salones con una composición palaciega que hoy es patrimonio protegido de la Ciudad. El mismo arquitecto también proyectó el café La Paris, actualmente convertido en cervecería, conectado al pabellón central por un paseo de tipas centenarias.
Alberto D'Audia, gerente general de la empresa concesionaria, explicó que "el Hipódromo Palermo nació como catedral del turf, pero fue evolucionando como lo hizo la Ciudad de Buenos Aires. Venimos trabajando para que sea el hipódromo de todos, un espacio de entretenimiento integral".
La propuesta actual incluye ferias gastronómicas, muestras de arte, eventos privados, restaurantes y recitales. Para el futuro planifican la apertura del centro de la pista como espacio verde con especies autóctonas y lugar para eventos deportivos, consolidando su rol como punto de encuentro para los porteños.
Las carreras de caballos en Argentina se remontan a 1800, cuando se organizaban "a la inglesa" con trayectos rectos de 150 a 500 metros. En 1849, el escocés Diego White armó la primera pista oval en Núñez, creando la Foreign Amateur Racing Society en una zona que entonces eran bañados y tierras inundables.
El hipódromo vivió épocas doradas con figuras como el jockey uruguayo Irineo Leguisamo, considerado el jinete más importante de la hípica rioplatense y una auténtica celebridad de su época. También atravesó períodos de abandono y transformaciones administrativas.
En 1953 el Estado expropió el hipódromo, que fue administrado por Lotería Nacional y Casinos. Las innovaciones llegaron gradualmente: en 1967 se reemplazaron las cintas de partida por partidores automáticos, en 1971 comenzaron las carreras nocturnas y en 1983 las transmisiones televisivas. La privatización menemista de los 90 llevó a que desde agosto de 1992 sea administrado por la sociedad anónima Hipódromo Argentino de Palermo.
El nuevo capítulo se abrió en 2002 con la llegada de las máquinas de juego, diversificando las fuentes de ingresos y permitiendo la modernización de las instalaciones que hoy combinan tradición hípica con entretenimiento contemporáneo en pleno corazón de Palermo.

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