El gobierno de Javier Milei enfrenta una paradoja económica que define su gestión: mientras la restricción externa parece superada con proyecciones de exportaciones récord, el tejido productivo nacional se desangra con el cierre masivo de empresas y la caída sostenida del consumo interno.
Los números macro son contundentes. Argentina pasó de un déficit comercial de U$S 7 mil millones en 2023 bajo la gestión de Sergio Massa, a un superávit de U$S 19 mil millones en 2024 y U$S 11 mil millones el año pasado. Solo en abril de 2026 se registraron exportaciones por U$S 8.900 millones, un 33% más que el año anterior.
Las proyecciones oficiales auguran que el país podría alcanzar los U$S 100 mil millones en ventas al exterior durante 2026, un récord histórico impulsado por la consolidación del sector energético, donde Argentina mutó de importador a exportador regional consolidado, sumado al desempeño de la minería (litio y cobre) y el tradicional motor agroindustrial.
Sin embargo, esta bonanza exportadora contrasta dramáticamente con la realidad del mercado interno. Según datos de la Fundación Fundar e Industriales Pymes Argentinos (IPA), se cerraron 24.100 empresas en los últimos dos años. La Superintendencia de Riesgos del Trabajo registra una tasa de mortalidad empresarial de entre 30 y 70 establecimientos por día hábil a nivel nacional.
El fenómeno responde al aumento de costos operativos por la quita de subsidios y actualización tarifaria, la apertura importadora, las dificultades de financiamiento y, especialmente, la caída brusca de la demanda y el consumo interno. El informe de SCENTIA revela que entre abril 2025 y abril 2026 el consumo masivo cayó 3.8%, profundizándose a 4.7% entre marzo y abril de este año.
La Unión Industrial Argentina (UIA) confirmó la tendencia: la actividad industrial cayó 0.7% interanual y 0.4% en abril respecto de marzo. Los descensos se verificaron en todos los sectores comerciales, con excepción del comercio online.
Esta dicotomía entre macroeconomía sonriente y microeconomía sangrante expone lo que analistas definen como la imposibilidad de diseccionar política y economía en cualquier sistema democrático. Mientras el ministro Luis 'Toto' Caputo asegura que en 2027 Milei será reelecto porque "la economía se llevará puesta a la política", la realidad social parece escribir un guión diferente.
La ausencia del vocero Manuel Adorni, atareado en concluir su declaración patrimonial para neutralizar investigaciones judiciales sobre presunto enriquecimiento ilícito, dejó la comunicación oficial en manos de Caputo, quien ha mostrado inhabilidad notoria en ese rubro según observadores políticos.
Para el peronismo porteño, esta situación confirma las advertencias sobre el modelo dolarizador y el ajuste brutal que golpea especialmente a los sectores productivos del AMBA, donde la concentración industrial hace más visible el impacto de las políticas libertarias en el empleo y la actividad económica local.

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