A diez años de la promesa de Mauricio Macri sobre los "brotes verdes" del segundo semestre, Javier Milei enfrenta un desafío similar: lograr que la economía argentina pase a una fase de crecimiento sostenido después de un duro ajuste que sigue impactando en los bolsillos porteños y del conurbano.
El 2026 arrancó con una dinámica débil que preocupa a los analistas económicos. Después del rebote de la industria y la construcción en marzo, abril arrojó caídas en la producción de autos y despachos de cemento. En ese marco, las consultoras empezaron a reducir sus pronósticos de actividad a entre el 1 y el 2% este año, por debajo del 2,8% estimado en el último relevamiento del BCRA.
"Más allá del buen dato de marzo, la actividad continúa estancada desde el segundo semestre del año pasado. El impulso de sectores como el agro, la minería e hidrocarburos no compensa la mala performance de la industria, el comercio y la construcción. La demanda marca un pulso bajo de crecimiento", explicó Claudio Caprarulo, director de Analytica.
El Gobierno mantiene su optimismo pese a los datos. Luego de un trimestre "malo", el Presidente cree que la economía "empezó a despegar". La apuesta oficial es atraer inversiones ligadas a la exportación de materias primas mediante los beneficios impositivos del RIGI, al que ahora se sumará el SuperRIGI, aunque todavía son pocos los proyectos en marcha que impacten en el AMBA.
Las exportaciones aumentaron un 30% interanual en el primer cuatrimestre y dejaron un superávit de US$ 2.500 millones. Según FIEL, las ventas al exterior podrían superar los US$ 100.000 millones en 2026, por la suba del petróleo y una mayor cosecha del agro. Ese motor permitiría alcanzar un superávit comercial de US$ 20.000 millones.
La otra apuesta es dinamizar el crédito privado con la baja de tasas. El financiamiento fue uno de los principales propulsores del repunte de 2024 y los primeros meses del 2025. Sin embargo, el impacto viene siendo "acotado" por la baja demanda de préstamos en las empresas y la mora récord de hogares, según reconoció el Banco Central.
"Hacia delante, no se evidencian claros drivers de crecimiento, con la política económica presentando un sesgo contractivo. Los aumentos salariales continúan evolucionando por debajo de la inflación, con las autoridades poniéndole un techo del 2% mensual a las paritarias", advirtió Carlos Pérez, director de Fundación Capital.
La evolución del poder de compra de los trabajadores del AMBA dependerá del reinicio de la desinflación. Los economistas esperan que el IPC sea inferior al 2% en la última parte del año, pero aun cuando los salarios privados registrados mejoren, la consultora de Martín Redrado prevé una nueva contracción del 5% anual en términos reales.
Después de la pérdida de 193.000 empleos asalariados privados en dos años, FIEL ve difícil una trayectoria muy favorable del empleo, aunque creen que los ingresos podrían recuperarse "algo" por paritarias. "De todos modos, proyectamos que el crecimiento del PIB sería del orden de 2% en 2026", señaló la fundación.
La política fiscal tampoco ayuda al panorama económico. Luego de la caída de la recaudación en abril -por noveno mes consecutivo-, el Gobierno dispuso un nuevo ajuste del gasto de $ 2,5 billones, con impacto en educación y salud para sostener el déficit cero. De no repuntar los ingresos, el Ejecutivo volvería a ajustar el gasto, lo que socava la actividad.
JP Morgan pronosticó una mejora en la segunda mitad de 2026, a partir de la baja de la inflación, mientras que Barclays se mostró más "escéptico" sobre el impulso del crédito, dado el peso pequeño que tiene en la economía argentina. En ese contexto, señaló una brecha entre el boom de consumo en bienes durables y el rezago del consumo masivo.

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