A punto de cumplir 80 años, Daniel Binelli vuelve una vez más a su Buenos Aires querido. El bandoneonista, considerado uno de los mejores del mundo y forjado en las escuelas de Osvaldo Pugliese y Astor Piazzolla, se presenta este jueves 14 de mayo en el Salón Dorado del Teatro Colón y el próximo día 20 celebrará con una fiesta tanguera en Bargoglio (Bacacay 2414), en el corazón de Caballito.
Nacido en Quilmes pero porteño por adopción, Binelli vive desde hace años en Valencia, España, aunque su fueye siempre le reclama respiraciones porteñas. "Buenos Aires tiene una cosa... Yo soy parte de Buenos Aires", confiesa el músico, quien recuerda emocionado haber estado en el último concierto de Piazzolla en el Teatro Ópera.
Su historia con el bandoneón comenzó a los 9 años, cuando su padre vio un aviso en el diario El Sol de Quilmes. "Una tarde me llevó por el medio del campo y entró en un lugar donde había una persona que vendía el bandoneón. Mi viejo tocó un par de acordes, porque tocaba aficionadamente, y me lo compró", rememora Binelli.
El primer estribillo que ejecutó fue "9 de julio" y un valsecito llamado "Lágrimas y sonrisas". Lejos de ser el "bicho raro del barrio", el joven Daniel combinaba su pasión musical con el fútbol, hasta que Piazzolla lo escuchó a los 17 años y su destino cambió para siempre.
"Para trabajar con Astor me preparé psíquicamente. Porque era estar al lado de un monstruo, no era sencillo", reconoce sobre su experiencia en el Sexteto Nuevo Tango. La formación, que Binelli describe como "una bomba como sonaba", debutó en Chile y luego conquistó Brasil, París, Amsterdam y la BBC de Londres.
El bandoneonista recuerda con particular emoción estar presente en el último concierto de Piazzolla en el Teatro Ópera, un momento que aún le pone "la piel de gallina". Esa conexión especial con el genio del tango nuevo marca hasta hoy su carrera, junto a su trabajo con otros gigantes como Rodolfo Mederos, Juan José Mosalini y Dino Saluzzi.
A sus casi 80 años, Binelli mantiene intacta su pasión por la música y su amor por Buenos Aires. Sus presentaciones en el Colón y en Bargoglio prometen ser un encuentro emotivo entre el maestro y su ciudad, en una celebración que une generaciones de tangueros y melómanos porteños.

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