El fracaso opositor en las últimas dos sesiones de Diputados volvió a poner en el centro de la escena a Provincias Unidas, el bloque de 18 miembros que hoy puede inclinar la balanza en votaciones clave.
La bancada convive con una tensión estructural: por un lado, legisladores que responden a gobernadores; por el otro, dirigentes sin una estructura a la que subordinarse. En ese mapa, los sectores alineados a Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora, Carlos Sadir y Ignacio Torres no actúan siempre en bloque, mientras que los líberos también marcan diferencias.
Aunque sus integrantes no quieren romper y apuestan a una charla para ordenar cuentas, no descartan que la proximidad del año electoral acelere la división de aguas. Un dirigente lo resumió con una analogía: “Estamos como las parejas que no se pueden separar por dependencia económica”.
La jefa del bloque, Gisela Scaglia, fue pedida para una reunión conjunta para hacer catarsis y ordenar el funcionamiento de cara a lo que se viene. Es sabido que también tendrán diferencias en tres temas importantes: PASO, Ley Malvinas y Presupuesto 2027.
El punto de quiebre reciente fue la abstención de los cordobeses y de la mendocina Lourdes Arrieta en la sesión del jueves. Esa decisión fue clave para que el oficialismo consiguiera bloquear el debate por endeudamiento, un tema que la oposición había logrado imponerle al oficialismo.
Pasadas las 3.30 de la madrugada, la moción propuesta por La Libertad Avanza para devolver los proyectos a comisión sin nueva fecha de discusión obtuvo 121 votos a favor y 117 en contra, solo cuatro de diferencia. Por eso, hasta sus compañeros los acusaron de ser los artífices de la derrota: si ellos cinco se hubieran inclinado por el rechazo, el tema seguía debatiéndose.
La situación escala porque la semana pasada el bloque ya había quedado en el centro de las miradas e incluso hubo amenazas de ruptura. En esa ocasión, la oposición había convocado para rechazar el mega DNU 70 de Javier Milei, pero les faltaron ocho diputados para el quórum, el mismo número que le faltó a Provincias Unidas, que aportó 10 de sus 18 miembros.
Con la calentura del momento, se escucharon insultos y surgieron sospechas. “Fue muy raro, no se entiende”, coinciden los que observan la votación como un gesto hacia el oficialismo. También reconocen que hay tensiones internas entre el gobernador Llaryora y el diputado y exmandatario Juan Schiaretti.
Para la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, el efecto no es menor: si el bloque se fragmenta, cambian las mayorías en comisiones y sesiones que pueden condicionar leyes nacionales con impacto en la agenda local. La estabilidad de ese bloque, entonces, se vuelve un termómetro de la gobernabilidad.
Con información de: Clarín - Último Momento.

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