Una tormenta política se desató esta semana en la Residencia de Olivos cuando Javier Milei enfrentó algo inédito: la rebelión de su propia infantería digital. El monstruo que él mismo ayudó a crear desde diciembre de 2023 ahora le mostraba los dientes, y el blanco de los ataques era nada menos que el Presidente de la Nación.
Todo comenzó con un descuido técnico que reveló la identidad detrás de la cuenta @periodistarufus, un usuario que venía filtrando secretos del universo libertario y atacando sistemáticamente a Santiago Caputo. Fue el propio asesor estrella quien, tras recibir una notificación de Manuel Vidal el sábado a las 8 de la mañana, confirmó sus sospechas: la cuenta pertenecía a Martín Menem, uno de los principales colaboradores de Karina Milei.
El episodio desató una cascada de conjeturas y conspiraciones que dominaron las conversaciones en Olivos durante toda la semana. La tensión escaló cuando el legislador Agustín Romo, reconocido discípulo de Caputo, le escribió directamente a Milei para transmitirle la rabia de Las Fuerzas de Cielo contra los Menem. La respuesta presidencial fue inmediata: "Venite y hablamos en persona".
La reunión del lunes en la Residencia se extendió por más de dos horas. Romo no solo insistió sobre los ataques constantes hacia Caputo, sino que mostró un tuit revelador de febrero donde @periodistarufus anticipaba que Juan Bautista Mahiques sería el próximo ministro de Justicia. El impacto en Milei fue evidente: en aquel momento ni él tenía resuelto el sucesor de Mariano Cúneo Libarona. El candidato, como se revelaría un mes después, lo tenía guardado Karina.
Menem intentó dos estrategias de defensa. En el chat de ministros y dirigentes de La Libertad Avanza culpó a su community manager por el error técnico. Más tarde, en radio Mitre, adoptó un tono beligerante pidiendo que no subestimen la inteligencia del Presidente, en clara alusión a sus rivales internos, e insistió en que él no miente.
La respuesta no calmó las aguas. El Gordo Dan y decenas de seguidores machacaron con que a Milei le habían contado una historia distinta a la real, apuntando específicamente a Santiago Oria, autor de un video explicativo que supuestamente buscaba desligar a Menem del escándalo.
Una vez más, el león libertario se encontró atrapado entre dos fuegos irreconciliables: el de su hermana de sangre, que aborrece a Caputo y lo quiere fuera del Gobierno, y el de su hermano de la vida, al que le concedió una cuota importantísima de poder que todavía conserva.
Milei optó por la procrastinación, sosteniendo que al titular de la Cámara de Diputados le habían prefabricado una operación. Pero en privado, según revelan fuentes de Olivos, elogió con desmesura a su gurú: "Los que piensan que algún día voy a echar a Santiago sepan que antes van a tener que pasar sobre mi cadáver".
El episodio desnuda las tensiones internas de un gobierno que creó un aparato de propaganda digital sin precedentes, alimentado con recursos públicos y reposteos presidenciales. Ahora ese mismo monstruo amenaza con devorar a sus creadores, mientras Manuel Adorni conserva un silencio que algunos interpretan como agradecimiento hacia quien le permitió llegar a la vocería presidencial.

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