El gobierno de Javier Milei atraviesa su momento más delicado desde que asumió, con el escándalo patrimonial de Manuel Adorni erosionando las bases de credibilidad sobre las que se construyó el proyecto libertario. La crisis ya no es solo sobre el jefe de Gabinete, sino sobre la capacidad del oficialismo de mantener su narrativa moral frente a los votantes porteños y bonaerenses.
Una encuesta de la consultora Management & Fit revela la magnitud del daño: el 80% de los consultados rechaza la figura de Adorni, mientras que un 50% considera que debió renunciar y un 30% que debió apartarse hasta que la Justicia defina su situación. Los números son contundentes para un gobierno que hizo de la lucha contra "la casta" su principal bandera electoral.
El conflicto desnuda las contradicciones internas del oficialismo. Milei convalidó públicamente al funcionario cuestionado, mientras que Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, permanece en silencio pese a haber sido la autora intelectual del blindaje inicial a Adorni. La pregunta que resuena en los pasillos de Casa Rosada es si la hermana del Presidente está arrepentida de esa decisión.
La demora de tres meses para justificar un patrimonio que incluye dos departamentos, una casa en un country y automóviles usados expuso lo que los especialistas definen como "pseudología fantástica": esa necesidad incontrolable de falsear la realidad que se convierte en hábito. La explicación final de Adorni, que incluyó el hallazgo de dinero en efectivo en la casa de su padre fallecido y una supuesta inversión en bitcoins por US$ 200.000 en 2014, generó más dudas que certezas.
Lo más grave para el oficialismo es que el escándalo terminó salpicando al propio Milei. El Presidente había asegurado en una entrevista haber visto los papeles de su funcionario y que estaban "en orden", prometiendo una "inminente" presentación de la declaración jurada que finalmente ocurrió 35 días después. Esa demora obligó a Adorni a introducir 25 cambios en sus declaraciones previas.
Para los vecinos de Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense que votaron al oficialismo esperando un cambio en las prácticas políticas, el caso Adorni representa una decepción particular. El gobierno libertario apostaba a diferenciarse de las gestiones anteriores precisamente por su transparencia y honestidad, valores que ahora quedan en entredicho.
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche sostenía que el problema no es la mentira ya dicha, sino la imposibilidad de recuperar la credibilidad perdida. Esa máxima parece aplicarse perfectamente a la situación actual del oficialismo, que ve cómo se desmorona uno de sus principales activos políticos: la confianza pública.
Con la economía como única carta fuerte para la reelección de 2027, el gobierno de Milei enfrenta el desafío de reconstruir su credibilidad sin uno de los pilares narrativos que lo llevó al poder. La pregunta que se hacen analistas y votantes es hasta cuándo puede sostenerse este "gran simulacro" sin que se derrumben definitivamente las vigas de confianza que sostienen al proyecto libertario.

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