La Argentina y Estados Unidos lanzaron el Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa para modernizar la infraestructura que une las zonas productivas con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales. El acuerdo, anunciado desde Estados Unidos, contempla inversiones y financiamiento por hasta US$ 7.000 millones durante 2027, con foco en energía, minería, transporte y telecomunicaciones.
El respaldo llega en un momento de debilidad económica. El INDEC informó que el Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 2,9% en julio frente a junio, en la medición desestacionalizada, y 1,4% interanual. El golpe se concentró en el comercio mayorista y minorista, que bajó 5,1%, y en la industria manufacturera, que retrocedió 4,6%.
El ministro de Economía, Luis Caputo, vinculó los datos negativos con distintos shocks transitorios. Mencionó la menor disponibilidad de gas para la industria manufacturera, las mayores lluvias y nevadas respecto de los promedios históricos para la construcción, la minería y algunos servicios, y las menores horas trabajadas en algunos sectores en relación al mundial de fútbol.
La semana también dejó otra señal de tensión: el riesgo país terminó por encima de los 600 puntos básicos. Aunque está muy lejos de los niveles de inicio del mandato, la suba de los bonos soberanos muestra que el mercado combina el frente externo con dudas estructurales que persisten en la economía local.
En el frente externo, el endurecimiento o la volatilidad en las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos suele ser una pésima noticia para los mercados emergentes. Cuando el rendimiento del activo considerado libre de riesgo sube, como anunció a mediados de septiembre la Reserva Federal, los fondos internacionales reordenan carteras y desarman posiciones en deuda de mayor riesgo, como la argentina.
En el frente doméstico, la mirada de los analistas está puesta en la dinámica del Banco Central. El ritmo de acumulación de reservas es la métrica clave con la que Wall Street evalúa si la Argentina tendrá la liquidez necesaria para afrontar los vencimientos de deuda en dólares. Si las compras netas de divisas se desaceleran, el mercado lo interpreta como un mayor riesgo de incumplimiento o refinanciación forzada.
El economista Carlos Melconian explicó que, con la suba de la tasa norteamericana, el riesgo de otros países cae y el de Argentina sube por cuestiones locales. Para él, el riesgo país depende en gran medida del nivel de reservas netas y del stock de deuda en dólares.
En línea, la consultora 1816 sostiene que el Programa Financiero 2027 presentado por Caputo a principios de julio ya generaba presión sobre las reservas del BCRA y ahora luce probable que esa presión sea más alta de lo planeado. Para la firma, a mayor dificultad para colocar deuda en moneda extranjera, más relevantes son las compras de divisas del BCRA en el MLC.
La consultora añade que, en los primeros 8 meses del año, esas compras fueron extraordinarias, solamente comparables a 2024 en el pasado reciente, pero en septiembre las intervenciones del Central en el spot han sido más bien marginales y es probable que eso haya contribuido al sell-off de los bonos. La señal es clara: el respaldo de EE.UU. no alcanza para neutralizar la presión sobre el financiamiento.
Con información de Clarín. Notibaires24 editó la nota.

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