Un caso que parecía perdido en el tiempo encontró justicia después de más de 40 años. Mitchell Gaff, de 68 años, fue condenado a una pena mínima de 50 años y máxima de cadena perpetua por los homicidios de Susan Vesey y Judith Weaver, cometidos en el estado de Washington durante la década de 1980.
La clave del caso fue una operación encubierta en la que agentes se hicieron pasar por empleados de una empresa de chicles que realizaba encuestas sobre sabores. Sin sospechar nada, Gaff entregó el chicle masticado en un pequeño recipiente, proporcionando sin saberlo la evidencia que lo condenaría décadas después.
El avance tecnológico fue fundamental para resolver estos crímenes. En noviembre de 2023, la forense Mary Knowlton del Laboratorio Criminalístico de la Patrulla Estatal de Washington utilizó el software STRmix para analizar restos mínimos de ADN presentes en sogas usadas para atar a una de las víctimas.
Ese perfil genético se remitió al sistema CODIS, la base de datos nacional de perfiles genéticos de delincuentes condenados, y coincidió con Gaff. Para corroborar el hallazgo, los investigadores necesitaban una nueva muestra de ADN del sospechoso.
La detective Susan Logothetti del Departamento de Policía de Everett explicó que mantuvieron el domicilio de Gaff bajo observación durante varios días. El hombre rara vez salía de su vivienda, excepto para ir a un supermercado cercano, lo que complicaba obtener una muestra de ADN de forma natural.
En enero de 2024 idearon la estrategia del chicle. El ADN extraído de la goma de mascar coincidía con el hallado en los lazos y en las muestras recuperadas del cuerpo de Judith Weaver, asesinada en 1984.
La conexión entre ambos casos surgió en 2025, cuando Ken Vesey, viudo de Susan, alertó a la detective Logothetti tras la muerte de su hermano, anteriormente considerado sospechoso. El detective revisó el expediente y detectó similitudes entre los crímenes de ambas mujeres.
La trayectoria delictiva de Gaff quedó documentada en numerosos procesos judiciales. En noviembre de 1979, antes de los asesinatos, atacó e intentó violar a una agente de la Patrulla Estatal de Washington, quien sobrevivió tras resistirse y escapar. Por este intento recibió una sentencia de cinco años de libertad condicional.
En julio de 1980, Gaff irrumpió en la vivienda de Susan Vesey, madre de dos hijos menores de dos años, a quien golpeó, ató, abusó y estranguló. Los niños permanecieron ilesos y fue el esposo quien encontró la escena al regresar de su turno nocturno.
Cuatro años más tarde, en 1984, repitió el patrón criminal con Judith Weaver, de 42 años. Al ser interrogado, Gaff declaró no haber conocido a ninguna de sus víctimas antes de los ataques.
Esta sentencia pone fin a más de cuatro décadas de incertidumbre para las familias de las víctimas y evidencia cómo los avances en la tecnología de ADN han permitido resolver delitos que permanecieron impunes durante años.

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