A los veinte años, conocer gente nueva parece estar a la orden del día. La universidad, las salidas nocturnas y las redes sociales generan encuentros constantes en Buenos Aires. Sin embargo, ese escenario cambia drásticamente después de los 50 años, cuando las dinámicas se modifican y los espacios para conocer personas nuevas se reducen considerablemente.
La rutina, las responsabilidades familiares y los cambios de vida pueden influir en una vida social más reducida. A esto se suma un prejuicio silencioso: la idea de que, después de cierta edad, ya no es tan sencillo hacer nuevos amigos en la Ciudad de Buenos Aires.
La psicóloga Bárbara Abadi explica que "a los 50 las personas ya tienen una historia vincular larga, una trayectoria de vida y de relaciones que dejaron marcas. Eso las puede volver más selectivas e incluso a la defensiva". Y advierte sobre las consecuencias: "La falta de vínculos significativos puede profundizar cuadros depresivos, incrementar la angustia y acelerar un deterioro que no es sólo psicológico, sino también cognitivo".
Timeleft y MeetUp son plataformas que organizan cenas grupales entre desconocidos y actividades según intereses y rangos etarios similares. Florencia, quien participó de una de estas cenas, relata que "tocó el restó Casa Gin, éramos tres varones y tres mujeres de un rango etario muy similar y de distintos países. Varios se quedaron hasta más tarde compartiendo".
Para los amantes del deporte, surgió el "Tinder de pádel", que conecta jugadores según su nivel y disponibilidad para organizar partidos con personas desconocidas, aprovechando el boom de este deporte en la región metropolitana.
El Gobierno de la Ciudad organiza talleres culturales y recreativos gratuitos como clases de yoga, tango y folklore, además de encuentros en plazas y parques con caminatas y baile. Eva, divorciada de 52 años que tomó clases en el Centro Educativo del Tango de Buenos Aires, cuenta que creó "amistades muy cálidas" que la hacen sentir más acompañada.
En cuanto a clubes de lectura, Polisemia -declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña- es uno de los espacios independientes más reconocidos de la ciudad. Con doce años de trayectoria, cuenta con formato presencial y virtual adoptado tras la pandemia.
Ester Díaz, fundadora del club, explica: "La literatura nos conecta con nuestras emociones, con personajes con los que podemos identificarnos, y eso aparece relacionado con anécdotas personales. En esas reflexiones se van generando vínculos auténticos".
Sin embargo, Abadi advierte sobre las limitaciones tecnológicas: "El algoritmo no puede ahorrar el trabajo vincular. El riesgo es quedarse en la superficie, coleccionar encuentros sin que ninguno profundice". La especialista concluye que "los vínculos presenciales, por intereses y en ámbitos de aprendizaje, generan más y mejores conexiones en la vida real".

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