Una escena que se repite a diario en las calles porteñas terminó en tragedia hace dos semanas en Villa Devoto. Una neuróloga de 31 años murió aplastada por un colectivo de la línea 134 cuando bajaba por la puerta del medio: la puerta se cerró repentinamente, se le enganchó la mochila, cayó al asfalto y fue arrollada por el mismo transporte.
El caso pone en evidencia una maniobra de riesgo que se ha vuelto cotidiana en el transporte público de la Ciudad: los colectivos que no se acercan al cordón de la vereda para que suban y bajen los pasajeros, obligándolos a caminar por la calle entre contenedores de basura y el tránsito.
Un relevamiento de Clarín por distintos puntos de Buenos Aires confirma que esta práctica se repite sistemáticamente. En Montes de Oca al 251, un colectivo de la línea 12 frena antes de tiempo sin acercarse al cordón. Los pasajeros que bajan por las puertas del medio y trasera deben esquivar dos contenedores grises que obstruyen el paso hacia la vereda.
La situación se agrava en zonas de alta circulación como avenida Caseros y General Hornos, frente a la Estación Constitución. Allí los colectivos que llegan en cadena "muy rara vez se acercan al cordón", mientras las filas de pasajeros se mueven rápidamente hasta los transportes que "salen disparados" hacia la próxima parada.
En Ituzaingó y Bolívar, un colectivo de la línea 29 abre las puertas antes de tiempo, mientras aún está en movimiento. Los pasajeros aguardan hasta que consideran seguro bajar, pero el tiempo es limitado: una mujer joven pone sus pies en la calle segundos antes de que la puerta se cierre y el colectivo arranque.
"A mí lo que me pasó hoy fue que el bondi frenó frente a un contenedor. Casi siempre me pasa eso, pero el colectivo para en una avenida y es un tema ese", relata Martín, pasajero frecuente del 132 en avenida Pueyrredón y San Luis.
Esta práctica viola múltiples artículos de la Ley 2.148 que aprueba el Código de Tránsito y Transporte de la Ciudad. La normativa establece que los choferes deben "acercarse lo más posible a la vereda" para que los pasajeros suban o bajen del colectivo, no realizar aceleraciones o frenadas bruscas, y no circular con las puertas abiertas.
También prohíbe permitir que los pasajeros suban o bajen en lugares que no sean las paradas, salvo que llueva o sea de noche (entre las 22 y las 6 de la mañana). Sin embargo, la realidad en las calles porteñas muestra un incumplimiento sistemático de estas normas de seguridad.
El caso de la neuróloga en Villa Devoto no es aislado. Las maniobras riesgosas de los colectiveros se han convertido en la principal causa de denuncias en el transporte público, según confirman las observaciones en distintos puntos de la Ciudad donde esta práctica se repite independientemente de si las paradas están ubicadas en avenidas o calles.

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