La cena de Claudio “Chiqui” Tapia en el restaurante Lulú, sobre el lago de Zúrich, terminó de mostrar el costo político y económico de su rol en la FIFA.
Un café costaba 23.000 pesos, una milanesa 77.000 y un bife con chimichurri 114.000; la botella de tinto, 203.000 pesos.
Lo que haya cenado Tapia en la noche del miércoles pasado es, en todo caso, una cuenta que salda la FIFA, que además le paga 250.000 dólares al año por ser miembro del Consejo.
El dinero anual, sin embargo, no le alcanzaba para el vuelo en el avión privado de Javier Faroni: faltaban 50.000 dólares para completar los 300.000 del cruce ida y vuelta.
En la principal sala de reuniones de la FIFA, Tapia se sentó junto a una treintena de personas y, durante tres horas y media, no abrió la boca.
“Tapia no abrió la boca durante toda la reunión”, reveló a Clarín uno de los presentes, en la sesión más dura a la que se enfrentó Gianni Infantino desde 2016.
El debate fue “crudo y extremadamente sincero”, según un participante, y se disparó por las preguntas de Bernd Neuendorf y Debbie Hewitt, del Consejo.
“No obtuvimos respuestas a nada de lo que habíamos solicitado específicamente. Si no lo hace, no es apto para ser presidente de la FIFA”, dijo Hewitt, asombrada por la promesa de responder por escrito.
“Necesitamos un ‘reseteo’ completo, creo, un reinicio político de las personas que representan a la FIFA”, añadió Neuendorf.
Los jefes del fútbol de Europa, Asia y la Concacaf se la tienen jurada al presidente de la FIFA.
El suizo-italiano-libanés se había deslumbrado con Donald Trump, a quien entregó un Premio FIFA de la Paz y le cedió la anulación de una suspensión por tarjeta roja.
También avanzó en la semi-privatización de la Copa del Mundo en un negocio con los Kushner, familia política del inquilino de la Casa Blanca.
Infantino es hábil, habilísimo: tras el Mundial parecía liquidado, pero en tres meses trabajó a fondo para controlar los votos necesarios.
Para los clubes de AMBA, la pelea en la FIFA se cruza con la interna de la AFA: River y Estudiantes aparecen en modo rebelde.
El método, según la fuente, es simple: que los grandes protesten, pero controlar los votos de las asociaciones chicas y del ascenso. En la FIFA y en la AFA.
En el tablero de la AFA, la lógica es similar para los clubes de AMBA: los votos de las asociaciones chicas y del ascenso pueden valer más que el ruido de los grandes.
Infantino es hasta hoy el único candidato en la elección que la FIFA celebrará el 18 de marzo en Rabat.
Los que simpatizaban con la rebelión liderada por Aleksander Ceferin, de la UEFA, y Víctor Montagliani, de la Concacaf, comenzaron a inquietarse por la falta de un candidato.
“¿Infantino con la reelección asegurada? Yo no diría eso”, respondieron a Clarín desde el frente opositor, que alega que “no hay ninguna razón para apurarse”.
Con información de: Clarín, Último Momento.

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