El 18 de octubre se cumplieron 67 años de la inauguración de Caminito, la calle de La Boca que pasó de ser un tramo ferroviario a un emblema argentino.
Antes, el lugar se conocía como la Curva y por ahí pasaban las vías del Ferrocarril Ensenada para trasladar cargas al Riachuelo. En 1954, el ramal estaba desmantelado, los rieles fueron levantados y el espacio iba camino a convertirse en un basural.
Una noche, un vehículo frenó, volcó una montaña de quesos en mal estado en la calle y se fue. El olor era insoportable, y dos vecinos, los hermanos Arturo y Aníbal Cárrega, dueños de una ferretería naval en la esquina de Magallanes y Pedro de Mendoza, pusieron postes para bloquear las descargas.
Esa decisión terminó de abrir el camino para que el tramo se volviera peatonal y naciera Caminito. El espacio, con sus maderas, chapas y tonos cálidos, se transformó en un emblema argentino y en una celebridad global.
En esa historia, Benito Quinquela Martín fue clave. “Un buen día se me ocurrió convertir a ese potrero en una calle alegre”, resumió el pintor, criado por el carbonero Chinchella y su mujer Justina, y conocido por sus cuadros con cielos de fuego y personajes oscurecidos.
El artista llegó a decir: “Toda La Boca es un invento mío”. Su mirada no solo pintó el barrio, sino que también lo pensó como un polo cultural, educativo y sanitario, con escuela, lactario, instituto odontológico y el Teatro de la Ribera.
Ese proyecto quedó documentado por Víctor Fernández, ex director del Museo de Bellas Artes Quinquela Martín, en el libro Caminito. Una sombra ya nunca serás. El texto recuerda que el espacio sumó esculturas, relieves sobre artistas y las funciones del Teatro Caminito.
En la época de Cecilio Madanes, las fachadas de los conventillos hacían de escenografía y los vecinos prestaban sus habitaciones como camarines. Algunos también participaban en las obras como extras, y la laburra Perica se convirtió en una diva mimada.
Hoy, Caminito aparece entre los diez lugares más fotografiados del planeta según estadísticas de Google Maps. Aun así, entre la marea de turistas, la calle todavía guarda secretos y conserva la identidad de barrio que la hizo famosa.
El entorno también cambió. Caminito se integra al Distrito de las Artes y comparte cercanía con la Fundación Proa, que exhibió la primera gran muestra local de Duchamp y cuenta con el centro Proa 21.
A su lado, la Fundación Andreani también se dedica al arte contemporáneo. Y, entre otros espacios, destaca Colón Fábrica, que en 7.500 m2 exhibe escenografías monumentales, utilería y vestuarios creados en los talleres del Teatro Colón para sus óperas.
A los 67 años, Caminito sigue siendo un arcoiris porteño. Frente al gris del Centro, este rinconcito de La Boca se sostiene como la “sonrisa de colores” que soñó Quinquela.
Con información de: Clarín, sección Ciudades.

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