En la mañana del miércoles, cuatro caballos de polo murieron fulminados por un rayo durante una práctica en el Jockey Club de San Isidro.
Además, otros dos animales quedaron afectados y difícilmente puedan seguir siendo usados para el deporte.
La pregunta que muchos se hacen es cuál es el valor económico de la pérdida, un tema resbaladizo porque los ejemplares no son un commodity.
Argentina es líder mundial en la producción de caballos de polo, una artesanía de exportación que combina genética, ambiente, conocimiento y paciencia.
No alcanza con cruzar ejemplares con buenas aptitudes ni clonar a un crack; se necesitan varios años y personas con distintos perfiles para lograr un caballo preparado para jugar.
Un caballo que llega al alto handicap suele tener entre 5 y 7 años de edad, tras pasar primero por un domador que lo amansa en el campo.
Ese proceso puede durar hasta los dos años de edad aproximadamente, y luego el animal pasa a manos de un hacedor que le enseña habilidades poleras.
El hacedor lo entrena para frenar, girar y arrancar, lo acostumbra a un taco y una bocha y al roce con otros caballos, en una etapa que lleva otro par de años.
Mientras tanto, hay que costear la alimentación a pasto y la sanidad, es decir, los honorarios de veterinarios.
Los ejemplares que muestran cualidades superiores entran en un mercado de mayores exigencias y valores potenciales más elevados, aunque la mayoría se usa en torneos amateurs de bajo handicap.
A ese grupo pertenecían seguramente los 4 caballos que murieron fulminados en San Isidro.
Juan Llorente, veterinario de caballos de polo, cuenta que por 3.000 dólares se puede conseguir un caballo, pero que el valor promedio de los más buscados se ubica entre 20.000 y 30.000 dólares.
Llorente advierte que buscar caballos más baratos puede terminar en papelones y insultos de compañeros de equipo.
Y agrega que un caballo normalón, para que se divierta un amateur, arranca en los 20.000 dólares para arriba.
De costo, se calcula que hacer uno de esos caballos no baja de los 15.000-20.000 dólares, haciendo las cosas bien.
Entre esos caballos puede haber alguno que sorprenda con calidad para dar el salto, aunque la diferencia con el alto hándicap es grande.
Y lo compara con autos de andar frente a un Fórmula Uno, porque es otra categoría.
En el alto hándicap, las cifras son otras: los centros de cría más importantes hacen subastas de ejemplares de pedigree.
Esos animales, inscriptos en los registros de la raza Polo Argentino, no suelen bajar de los 50.000 dólares.
En ese piso empieza el rango de los animales que se muestran en la Triple Corona Argentina, el Abierto de Estados Unidos o la Copa de la Reina en Inglaterra.
Los caballos que los jugadores de elite suben a un avión para que los acompañen por el mundo son muy deseados por los patrones del polo mundial, jeques y empresarios.
Están dispuestos a pagar valores de 100.000 dólares, 150.000 dólares o más por los cracks equinos.
Con información de Clarín y Último Momento.

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