La presentación de Patricia Bullrich en el Coloquio de IDEA no fue improvisada. Su equipo trabajó al menos diez días antes un mensaje con tono presidencial.
El panel se llamaba La agenda del Senado, pero la exposición fue más allá. Bullrich planteó reforma previsional, coparticipación federal y desarrollo de la industria nacional, el sector más castigado de la era libertaria.
Recomendó aplicar el caso alemán, el Mittelstand, como motor de pequeñas y medianas empresas. Esa mejora de condiciones de competencia, según la nota, no está hoy en la agenda del Gobierno.
El detalle más elocuente: durante 31 minutos no mencionó ni una vez a Javier Milei. Habló de continuidad de ideas, de modelo y de proyecto, sin decir que busca ser candidata.
La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza eligió hablar de continuidad. No fue una ruptura, sino una disposición a forzar correcciones desde adentro para seguir formando parte del espacio.
En los pasillos, el grueso de los ejecutivos se mostró a favor de la estabilidad macro y del rumbo económico. Pero también expusieron preocupación por la caída de la actividad y el riesgo de recesión, a contramano de la recuperación que pronosticaba la Casa Rosada.
Una fuente al tanto de las charlas describió dos inquietudes: una personal y de estilo, con agotamiento respecto del modo del Presidente; otra económica, con reclamo de los más golpeados para que se afloje un poco.
La pregunta incómoda circuló: ¿Es viable un mileísmo sin Milei? No como expresión de deseo, sino como disparador de discusión. Desde el círculo rojo surgen opciones para la elección presidencial, con equilibrio fiscal y previsibilidad.
El texto señala que ninguno pica en punta y que tampoco hay incentivos para instalar postulaciones cuando la atención y las preocupaciones de la sociedad pasan por otro lado. Ese es el humor social.
El dato de humor social pesa: la percepción pasó de estamos mal pero vamos bien a estamos mal y vamos mal. En septiembre, el 65% ve negativa la economía nacional.
La medición de Aresco muestra que apenas el 34% ve positiva la situación. Respecto de la mirada hacia delante, el 58% tiene expectativas desfavorables.
En el mismo dato, el 34% conserva expectativas favorables. Ese deterioro comenzó desde febrero-marzo, cuando la esperanza hacia el futuro empezó a perder fuerza.
Para la Ciudad y el conurbano, la señal no es menor: si la expectativa se deteriora, el debate sobre recesión y correcciones deja de ser solo nacional y llega a la agenda local.
El kirchnerismo sigue siendo la principal luz roja en el horizonte. La dinámica de una polarización a todo o nada en 2027 genera escozor por el impacto y la volatilidad que puede tener a lo largo del año.
Bullrich, según la nota, dialoga con esa parte más pesimista del electorado. Eso la mantiene a flote, con su imagen por encima de la de Milei en diversas encuestas, aunque no se traduce automáticamente en capitalización en votos.
La presentación también mostró un tono de continuidad: no se trató de una ruptura, sino de correcciones desde adentro para seguir formando parte del espacio. Ese matiz explica por qué el mensaje fue presidencial sin nombrar al Presidente.
El Coloquio de IDEA funcionó como termómetro: los ejecutivos bancaron el rumbo, pero también aparecieron previsibilidad y afloje para los más golpeados. Ahí aparece la tensión del modelo.
Con información de: Clarín y Último Momento.

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