La tensión entre Patricia Bullrich y el entorno presidencial se mantiene en ascenso, con el caso del jefe de Gabinete Manuel Adorni como el principal punto de conflicto. La senadora continúa exigiendo que el funcionario presente su declaración jurada, prometida desde marzo tras las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito radicadas en Comodoro Py.
El desgaste en la relación entre Bullrich y Karina Milei trasciende el episodio legislativo reciente, donde la ex ministra de Seguridad se abstuvo en la votación de pliegos de jueces que incluyó a Verónica Michelli, la candidata que el Presidente había pedido vetar. Esta decisión se produjo apenas 48 horas después de que Bullrich presentara su renuncia como jefa de bloque, una dimisión que Javier Milei ni siquiera quiso escuchar.
Para Bullrich, el caso Adorni representa el fin de un leitmotiv que al Gobierno le funcionó muy bien en campaña: "No somos casta". La senadora considera que ese recurso político está terminado tras las revelaciones sobre propiedades sin declarar y viajes difíciles de justificar de un funcionario de extrema confianza de los Milei.
"Quedó agujereado el proyecto", transmite Bullrich a su equipo, agregando que toda la estrategia gubernamental queda limitada a lo que pase con lo económico. La dirigente cree que la corrupción "entró de lleno" y significa una ruptura de las bases que Milei prometió durante la campaña electoral.
El racconto de enojos de Bullrich incluye además que le hayan frenado la designación en Migraciones de Diego Valenzuela, un dirigente que considera propio, así como que le hayan quitado peso en las decisiones ejecutivas. También molesta que la hayan dejado afuera del Cabildo en la ceremonia del 25 de Mayo y que hayan corrido a Federico Angelini, otro dirigente que le responde, del Ministerio de Seguridad que encabeza desde diciembre Alejandra Monteoliva.
A poco más de un año de las elecciones, Bullrich piensa que una eventual reelección de Milei dependerá de cómo el Presidente logre que los avances económicos tengan rebote en el día a día de la gente. "Hoy, la vivencia, la calle, no refleja eso", sostienen en la mesa chica de Bullrich, y creen que ese contraste entre lo que ve la Rosada y lo que pasa en la economía real puede complicar el camino hacia un segundo mandato.
Otro factor que complica el panorama de 2027, según la senadora, tiene que ver con la decisión del Gobierno de avanzar en una reforma electoral que no tiene consenso entre los gobernadores. "Que salga esa ley como quiere Milei, con la eliminación de las PASO, es muy complicado. Los posibles aliados pierden un recurso que es importante", resume un dirigente cercano a Bullrich.
Para el jueves está prevista en Casa Rosada una nueva reunión de mesa política. Hasta el domingo por la tarde, la invitación no le había llegado a Bullrich, aunque desde Casa Rosada aseguran que "Patricia va a estar", desactivando un nuevo foco de conflicto que seguirá latente en las próximas semanas.

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