Un episodio inédito sacudió esta semana los cimientos del poder libertario. Patricia Bullrich le plantó cara a Javier Milei y se negó a acompañar el plan presidencial de voltear el pliego de María Verónica Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal N.º 3 de La Plata. La ministra de Seguridad llegó a ofrecer su renuncia a la conducción del bloque de Senadores, pero el Presidente se la rechazó.
El enfrentamiento se gestó el domingo, cuando Bullrich le escribió a Milei para anticipar su posición contraria. Al día siguiente, el mandatario la citó a Casa Rosada para una conversación cara a cara que, según fuentes oficiales, transcurrió en un clima de tensión controlada. Milei logró contener su temperamento explosivo, pero no se privó de decirle que estaba equivocada y que no comprendía lo que estaba en juego.
Para el Presidente, la designación de Michelli forma parte de lo que considera "la mafia confabulada contra nuestro Gobierno". En su tablero mental, la actual secretaria de Cámara del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata podría integrarse al "círculo que fomenta movimientos destituyentes" contra su administración, debido a sus vínculos familiares con un periodista de investigación.
La carambola que imagina Milei incluye a un periodista que recibe órdenes para investigar casos que afectan al Gobierno, una cuñada que asciende en la Justicia y que eventualmente puede ayudar en causas judiciales, y detrás, un poderoso grupo económico que empuja las denuncias. "Nunca oculta este tipo de pensamientos. Al contrario, lo convierte en una declaración de principios", señalan desde el entorno presidencial.
El apoyo incondicional a esta estrategia viene de Karina Milei -quien se terminó de convencer cuando quedó salpicada por los audios del caso Andis-, de los operadores en redes sociales y de buena parte del Gabinete. Sin embargo, el episodio con Bullrich evidenció que no todos los funcionarios están cómodos con estos métodos.
La resistencia interna, que fuentes califican como "rebelión silenciosa", ya había mostrado síntomas en episodios anteriores: la pelea con el periodismo, los insultos a Paolo Rocca -empresario con quien Bullrich mantiene trato desde hace años- y las sospechas de enriquecimiento ilícito que involucran a Manuel Adorni. "Sapos enormes, difíciles de tragar incluso para estómagos acostumbrados", graficó un funcionario.
"Tengo quilombo adentro del bloque y ni hablar con los aliados", había comentado Bullrich cuando se enteró de la maniobra oficial. La aprobación inesperada del jueves por parte del Senado de 74 pliegos de jueces y fiscales, gracias a un movimiento de pinzas de la oposición, fue presentada por el Gobierno como un "hecho histórico" que pasaba por alto la designación de Michelli.
Milei se reserva el derecho de no firmar el decreto de aceptación de Michelli. Lo dejará demorado un largo tiempo o, directamente, podría no firmarlo nunca. Una decisión que profundizaría la grieta interna en un gobierno que, desde Balcarce 50, insiste en mostrar unidad monolítica.

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