La Ciudad de Buenos Aires y el conurbano se consolidan como el epicentro de una transformación religiosa sin precedentes en Argentina. Según el primer Barómetro de las Religiones y las Creencias presentado por el Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR CBC-UBA), el AMBA concentra la mayor proporción de personas sin filiación religiosa del país, con un 26,1%.
El estudio, basado en encuestas a mayores de 16 años a nivel nacional, confirma el fin de la hegemonía católica que caracterizó a Argentina durante décadas. Aunque el catolicismo mantiene la mayoría con un 57,7% de adeptos, la cifra está muy lejos del 90% registrado en 1960, cuando el Censo Nacional de Población lo midió por última vez.
Juan Cruz Esquivel, director e investigador del Conicet a cargo del relevamiento, explica que se trata de "la caída continua del catolicismo". El sociólogo destaca que crece la cantidad de personas sin filiación religiosa, que incluye a quienes declaran no tener religión, agnósticos y ateos, convirtiéndose en el segundo grupo en magnitud con un 22,4% a nivel nacional.
Los grandes centros urbanos como Buenos Aires y el conurbano funcionan como espacios donde las transformaciones culturales aparecen primero, favoreciendo procesos de diversificación religiosa. Mientras que en el interior del país el catolicismo conserva una presencia más fuerte con un 59,4%, en el AMBA la diversidad religiosa es mucho más pronunciada.
El principal motor de este cambio es el recambio generacional. Los jóvenes porteños ya no se identifican con los credos tradicionales: solo el 44,6% se declara católico, mientras que entre los adultos mayores el catolicismo conserva una posición dominante del 69%.
Esquivel describe este fenómeno como procesos de "desinstitucionalización religiosa", pero aclara que no implica necesariamente ausencia de religiosidad. "Una proporción significativa mantiene creencias y prácticas espirituales", señala, refiriéndose a lo que la literatura denomina "creer sin pertenecer".
El campo evangélico consolida su posición como segunda identidad religiosa organizada con un 17,4%, mientras que las diferencias también se expresan según el nivel educativo. Los evangélicos se concentran en sectores con menor nivel educativo (22,5%), mientras que la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto, alcanzando el 28,5% y 27,9% respectivamente.
"Argentina se está convirtiendo en un país con un paisaje religioso cada vez más diverso. El catolicismo continúa siendo mayoría, pero se ha resquebrajado su hegemonía", concluye el investigador, anticipando que esta tendencia se profundizará en los próximos años, especialmente en el área metropolitana de Buenos Aires.

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