El regreso del Borges de Bioy al mercado editorial generó reservas anticipadas en librerías de Buenos Aires. La reedición ampliada del diario de Adolfo Bioy Casares sobre Jorge Luis Borges llega con dos tomos, tapa dura con sobrecubierta, 400 páginas más, un índice analítico y un nuevo prólogo.
Cuando llegó el camión con la primera tanda, algunos ejemplares ya estaban vendidos. Cecilia Fanti, de Céspedes Libros, explicó que decidió abastecerse con más de lo habitual: “No querés quedarte sin el libro que sabés que vas a vender”.
El modelo del mercado del libro suele funcionar por consignación: las editoriales dejan ejemplares y luego cobran los que se venden. Si un librero quiere más stock, debe comprarlos en firme. Fanti reconoció que hizo una pequeña inversión, en un momento difícil porque “no hay resto”.
La librera contó que sus clientes esperaban la reedición y que muchos pidieron que les avisaran. Algunos vinieron a buscarlo valiéndose de las tres cuotas sin interés del banco, otros de un “puchito” apartado, cada cual según sus posibilidades, para un libro que sale 190 mil pesos.
Pablo Braun, dueño de Eterna Cadencia, dijo que el “sacudón” tiene que ver con la historia del libro. Hace veinte años, el Borges llegaba con el componente ácido del “chisme” y mostraba, desde la ficción de Bioy Casares, un hombre profundamente irónico y avasalladoramente humano.
“Hay algo de morbo ahí: el interés en saber las habladurías de Borges y de Bioy”, agregó Braun. La edición original apareció en 2006, editada por Daniel Martino. Era un diario con las anotaciones que Bioy Casares realizaba por la noche, cuando se iba Borges, después de pasar horas charlando y despotricando.
Bioy Casares dejó el libro listo el mismo año de su muerte, en 1999. Borges falleció en 1986, hace cuarenta años. Pactó con los editores que se publicaría cuando él ya no estuviera, posiblemente para no tener que rendir cuentas.
Ignacio Iraola, de la librería Naesqui, en Villa Ortúzar, dijo que se está vendiendo muy bien, aunque hubo quejas por el precio. “Se convirtió en un libro de culto”, completó Braun, y señaló que algunos gastaron una fortuna comprándolo usado.
Braun señaló que la gente lamentaba no haberlo comprado y que muchos están saldando esas ganas que tenían de entonces. La distribución se está haciendo de a poco, paso a paso. A Chivilcoy, por ejemplo, llega en estos días.
Maxi Gesualdi Castaño, de Macondo, lo está esperando. “Hace tiempo me lo han pedido, varias veces, pero nunca lo conseguí”, contó. Cuando la editorial confirmó la reedición, lo compartió en las redes sociales de la librería.
“Cuando subí la novedad me preguntaron varias personas, pero como está ‘salado’ solo dos me lo encargaron”, dijo. Otra librería chivilcoyana es Adagio, fundada antes de que comience este siglo. Adriana Prado, su dueña, recuerda cómo brillaba aquella vieja edición en sus anaqueles y que de un día para el otro dejó de llegar.
Los ejemplares que quedaban se fueron vendiendo y de pronto se volvió un “inconseguible”. En estos veinte años que pasaron entre aquella edición original y esta reedición, la vieja edición ya no llegaba.

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