La frase de Carlos Bianchi sobre que "una victoria llama a la otra" encuentra su versión más amarga en el Boca de Juan Román Riquelme. Tres años y medio después de asumir la presidencia, el ídolo xeneize enfrenta una realidad demoledora: los papelones se suceden semestre a semestre, convirtiendo a la Bombonera en escenario de una crisis constante que parece no tener fondo.
La última humillación llegó con la derrota ante Universidad Católica y la eliminación temprana en la Copa Libertadores 2026. Pero no fue un hecho aislado: en estos años de gestión se acumularon eliminaciones locales contra Independiente, Racing y Huracán, todas jugando de local. También cayó ante Atlético Tucumán por Copa Argentina y no pudo superar a un equipo amateur de Nueva Zelanda dirigido por un maestro de escuela en el Mundial de Clubes.
El dato más doloroso es que Boca quebró un récord que era motivo de orgullo: llevaba 19 ediciones consecutivas clasificando a octavos de final de la Copa Libertadores, la racha más larga entre todos los clubes de Conmebol. La última vez que no había pasado de fase de grupos fue en 1994, cuando competía contra equipos de la talla de Vélez, Cruzeiro y Palmeiras.
El equipo dirigido por Claudio Úbeda había arrancado bien la Copa 2026, ganando los dos primeros partidos, pero luego sumó apenas un punto de 12 posibles. La elección del técnico también genera críticas: el ex ayudante de Miguel Ángel Russo no presentaba un currículum que lo posicionara como candidato para dirigir al mejor equipo de Sudamérica.
Más allá de la subestimación del puesto de director técnico, se le cuestiona a Riquelme el armado de un plantel que demuestra constantemente no estar a la altura por falta de jerarquía, mentalidad ganadora y problemas físicos. El caso más emblemático es Edinson Cavani, la gran apuesta de la gestión, quien no logra recuperarse de una dolencia lumbar y este año jugó apenas 2 partidos de 26 posibles.
La sensación de resignación que domina a la hinchada de Boca ya no invita a pensar cuándo se acaba esta pesadilla, sino cuál será el próximo papelón. En el nuevo fútbol que propone Chiqui Tapia, con más espectáculo que justicia deportiva, ese vértigo promete ser una constante para un equipo que se acostumbró a perder en los momentos menos indicados.
La llegada de un nuevo entrenador para suceder a Úbeda tendrá como prioridad sumar refuerzos de primer nivel y la misión de levantar el ánimo de un plantel hundido. Riquelme tiene la pelota otra vez, pero el reloj corre: las elecciones son en diciembre de 2027 y ya no está tan claro que las gane caminando como en su momento parecía inevitable.

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