La noche de Copa Argentina terminó con una de esas historias que se cuentan en los pasillos de Boca: el equipo de Rodolfo Arruabarrena cayó 2-0 ante Racing y lo dio vuelta 3-2 para meterse en semifinales.
El protagonista fue Enner Valencia, delantero ecuatoriano de 36 años, que entró cuando el partido parecía perdido y convirtió tres goles de cabeza en poco más de 35 minutos.
El primero llegó tras un córner desde la izquierda de Blanco; el segundo, después de un envío con rosca de Sebastián Villa; y el tercero, en el cierre, tras un centro desde la derecha de Carlos Palacios.
Antes, Gastón Lodico había abierto el marcador para Racing con un gol olímpico a los 18 minutos del primer tiempo, el inicio de una noche que terminó al revés.
La clave táctica apareció en el complemento: Arruabarrena metió a Valencia y a Villa para armar un 4-2-4 que presionó a los centrales rivales.
El arquero Leandro Brey vivió una noche extraña: el gol olímpico de Lodico le cayó como un déjà vu, porque había recibido otro gol olímpico en el mismo arco hace más de un año.
El final fue de película: los jugadores de Racing quedaron tendidos sobre el césped, los de Boca corrieron a abrazar a Valencia y los hinchas invadieron el campo para festejar la clasificación.
Ahora, el conjunto xeneize espera a Banfield en las semifinales, un cruce de AMBA que define el próximo paso en la Copa Argentina.
La semana previa dejó un debate incómodo: con Álvaro Montero afectado a la Selección de Colombia, muchos especularon con Javier García como reemplazo en el arco.
Para Boca, el error en el primer gol olímpico se pareció a un tiro en los pies, porque la incertidumbre por el puesto de arquero había generado ruido dentro y fuera del club.
El pitazo final de Andrés Gariano dejó imágenes de euforia: los jugadores de Boca bailaron de cara a La Doce y cantaron contra River.
Para el conurbano, la clasificación de Boca y la próxima semifinal ante Banfield encienden la Copa Argentina: dos clubes de la región se juegan un lugar en la final y le dan color a la semana deportiva.
La remontada no fue solo un golpe de fortuna: tuvo idea, presión y la jerarquía de un delantero que convirtió cada oportunidad y cambió el destino del partido.
La Copa Argentina vuelve a tener un cruce de AMBA y una historia que se cuenta con tres cabezazos.

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