El asesinato del periodista Cristian Herrera, ocurrido el sábado 6 de junio en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, Colombia, conmocionó al gremio periodístico y reavivó el debate sobre la seguridad de quienes investigan el crimen organizado en la región fronteriza.
Herrera, de 50 años, fue atacado por un sicario que disparó mientras el reportero descendía de su camioneta, acompañado de su esposa e hija. Las autoridades locales calificaron el crimen como un atentado directo contra la libertad de prensa y ofrecieron una recompensa de hasta $100 millones para dar con los responsables.
El testimonio de John Jairo Jácome, amigo y colega de Herrera, reveló detalles escalofriantes sobre los últimos días del periodista. "No hay ninguna nota que valga una vida, Cristian", le advertía insistentemente Jácome en conversaciones recientes, según declaró a Blu Radio.
"Si a nosotros no nos hubiesen cancelado una reunión esta semana, Cristian estuviera vivo, y eso me dan muchas ganas de llorar", lamentó Jácome. El viernes anterior al crimen, Herrera lo había llamado con urgencia para pedirle verse. Ambos tenían agendada una cita en Bucaramanga con una fuente clave proveniente de Medellín, pero el encuentro se suspendió por motivos de seguridad.
Las investigaciones de Herrera apuntaban a presuntas conexiones entre políticos y estructuras criminales en Norte de Santander. Según relató Jácome, el periodista había denunciado posibles vínculos con economías ilegales y procesos de extinción de dominio. En su última publicación en X, realizada el mismo día del asesinato, Herrera alertó sobre un senador de la región al que le habrían cancelado la visa estadounidense.
El periodista había sido objeto de amenazas desde 2003 y, pese a haber sobrevivido a un atentado en 2017 y haber pasado un periodo de exilio en Chile, nunca abandonó su labor investigativa. "Amo mi trabajo, lo defiendo a capa y espada", solía decir Herrera, según recordó su colega.
La preocupación por estos temas no era infundada. De acuerdo con Connectas, en Cúcuta operan al menos 27 bandas criminales, incluidas organizaciones transnacionales como el ELN, el Tren de Aragua y disidencias de las Farc. Esta realidad convierte a la zona en una de las más peligrosas para el ejercicio del periodismo en América Latina.
Cristian Herrera fue reconocido en vida por su rigor y valentía. Recibió distinciones como el Premio Colprensa y el Premio Nacional Semana, y formaba parte de la red de corresponsales de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) desde 2018. Sus colegas destacaron la forma en que enfrentaba a las autoridades, desafiando incluso a comandantes de Policía con la frase: "Usted tiene el arma, yo tengo mi libreta y mi grabadora".
Andrés González, compañero en el periódico La Opinión, recordó que Herrera se especializaba en desmenuzar casos complejos, apoyándose en fuentes directas y bases de datos. "Era un periodista de muchos datos y mucha información", afirmó. Karina Yudex, otra colega cercana, detalló cómo ambos investigaban desapariciones en la frontera para portales como Vorágine y Armando.info.
El asesinato de Herrera se suma a la larga lista de periodistas asesinados en Colombia, país que según organizaciones internacionales mantiene uno de los índices más altos de violencia contra comunicadores en la región. Su muerte representa no solo la pérdida de un profesional comprometido, sino también un golpe directo a la libertad de prensa y al derecho ciudadano a la información.

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