La desembocadura del arroyo Medrano volvió a colocarse en el centro del debate urbano porteño. Esta vez, la discusión gira en torno a qué hacer con los materiales de excavación de la futura Línea F y cómo gestionar los rellenos costeros que podrían expandir la ciudad sobre el Río de la Plata.
El tercer encuentro del ciclo Diálogos Urbanos en el CPAU, organizado por la Comisión de Urbanismo y Ambiente, reunió a arquitectos, urbanistas y funcionarios bajo el título "Escombros, excavaciones y rellenos. La Línea F y la futura península del Medrano".
Graciela Novoa, presidenta del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, abrió el encuentro remarcando la importancia de llevar el debate más allá del ámbito técnico. "Necesitamos una reflexión pública sobre los rellenos, sus impactos y sus posibles destinos", planteó, convocando a que la discusión escale hacia niveles de decisión política.
La preocupación inicial era concreta: la posibilidad de utilizar tierras de las excavaciones de la Línea F para generar nuevos rellenos sobre la ribera. Sin embargo, el debate rápidamente se amplió hacia preguntas estructurales sobre el modelo de ciudad que Buenos Aires quiere construir en los próximos años.
El arquitecto Alexis Schächter, de Monoblock, marcó una de las líneas conceptuales más fuertes al señalar que "el agua es parte sustancial y, a veces, invisible de los problemas humanos". Su intervención desplazó la discusión desde una lectura meramente normativa hacia una dimensión proyectual: "No hay nada de este problema que pueda resolverse exclusivamente analizando lo legal. El problema es un problema proyectual".
La diputada y arquitecta Bárbara Rossen, vicepresidenta de la Comisión de Planeamiento de la Legislatura porteña, destacó el rol de los colegios profesionales en estas discusiones. Instó a las instituciones técnicas a "tomar parte, alzar la voz y aportar conocimiento específico" en temas que definen la forma futura de la ciudad. También advirtió sobre un punto central: "no se deben tomar decisiones estructurales en la urgencia".
Uno de los aportes más relevantes llegó de la mano del arquitecto Ezequiel Martínez, ex coordinador del Área Gestión de la Ribera de la Ciudad durante 11 años. Su experiencia en la planificación del borde costero lo llevó a insistir en la necesidad de "analizar antes de actuar" y construir estrategias previas para evitar respuestas fragmentarias.
Como antecedente exitoso, Martínez presentó el caso de la ex Cárcel de Caseros y el proceso que derivó en el nuevo Parque Ribereño Costanera Norte, una experiencia que permitió articular gestión pública, planificación sistemática y solución integradora.
Las arquitectas María José Leveratto y Alicia Novick aportaron una mirada complementaria sobre los desafíos contemporáneos. Leveratto destacó la importancia de la mirada interdisciplinaria, entendiendo que problemáticas de la complejidad de la ribera requieren la articulación de saberes de arquitectura, urbanismo, ingeniería, ciencias ambientales y gestión pública.
La discusión dejó en claro que el problema de los rellenos trasciende la disponibilidad de suelo o las operaciones de ingeniería aisladas. Involucra decisiones sobre paisaje, usos futuros, impactos ambientales, memoria territorial y, fundamentalmente, sobre qué modelo de ciudad quiere Buenos Aires para las próximas décadas.

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