La inversión más grande en la historia de Corrientes tomó forma concreta esta semana con el lanzamiento oficial del proyecto ARPulp. Se trata de una apuesta de US$2.000 millones que promete crear el principal polo foresto-industrial del país y posicionar a la provincia como un jugador global en el sector.
El proyecto se instalará en Ituzaingó, en el noreste correntino, donde se realizó la presentación oficial con la presencia del gobernador Gustavo Valdés, la CEO Alejandra Arand y el director técnico Fernando Correa. La ubicación estratégica incluye un puerto propio sobre el río Paraná, clave para la salida exportadora de los productos.
La verdadera ventaja competitiva radica en el recurso forestal correntino. La provincia cuenta con 500.000 hectáreas forestadas, principalmente de pino, que crecen en condiciones excepcionales. Los árboles pueden cortarse en apenas doce años, un tercio del tiempo que demandan en potencias forestales como Finlandia o Suecia.
Esta "cuenca fotosintética" permite que tierra, agua y sol se combinen para capturar carbono y generar biomasa de alto valor. El pino correntino es la base de la fibra larga, el corazón del modelo ARPulp que se diferencia de otras inversiones globales centradas en fibra corta.
La planta producirá productos de mayor valor agregado: celulosa fluff para pañales y absorbentes, celulosa blanqueada para papeles y envases, y celulosa marrón para aplicaciones industriales de alta resistencia. El mercado acompaña esta apuesta, impulsado por la expansión del consumo en Asia y el envejecimiento poblacional global.
El impacto económico proyectado es significativo. La planta tendrá una capacidad inicial de 800.000 toneladas anuales, escalable a un millón, y podría generar más de US$900 millones por año en exportaciones. Además, producirá su propia energía a partir de biomasa, con excedentes que se inyectarán a la red eléctrica.
Uno de los efectos más inmediatos se verá en la cadena forestal local. En Corrientes operan más de 200 aserraderos que hoy aprovechan apenas el 40% de la madera. El proyecto permitirá valorizar residuos, raleos y subproductos, generando un "precio piso" para toda la producción.
El gobernador Valdés destacó el impacto social del proyecto: miles de empleos directos e indirectos y una transformación estructural del mercado laboral local. La expectativa es que funcione como ancla para nuevas inversiones en servicios, logística e industria.
Con una hoja de ruta que apunta a entrar en operación hacia el final de la década, ARPulp representa la apuesta a que Corrientes se convierta en un jugador industrial de escala global, aprovechando las ventajas competitivas de su "polo fotosintético".

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