Los números son contundentes y golpean directo al bolsillo porteño. Según el Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad, los alquileres aumentaron un 204% entre noviembre de 2023 y abril de 2026, mientras que la inflación acumulada fue del 355%. Esto significa que el precio de los alquileres casi duplica la inflación en el mismo período.
El dato surge de un análisis presentado por Inquilinos Agrupados y Tejido Urbano en el programa Infobae al Regreso, donde Gervasio Muñoz y Fernando Álvarez de Celis diseccionaron el impacto de la eliminación de la Ley de Alquileres en la Ciudad y el Gran Buenos Aires.
La situación es aún más dramática si se mira el conjunto del área metropolitana. Según Matías Barbería, en la región GBA que incluye Capital y Gran Buenos Aires, el aumento fue del 657% en el mismo período. Una cifra que refleja cómo la desregulación impactó especialmente en el conurbano bonaerense.
Pero hay un dato que expone la precariedad del sistema anterior: el 60% de los alquileres estaba fuera de la ley durante la vigencia de la normativa kirchnerista. "El ajuste viene porque se fue cambiando a las nuevas formas de alquiler fuera de la ley", explicó Barbería, revelando que la informalidad era la norma y no la excepción.
Para Muñoz, la intervención estatal es indispensable: "Durante la Ley de Alquileres, los precios viajaban por debajo de la inflación y los salarios. Apenas se termina la ley, el mercado impone cualquier tipo de condición". Su diagnóstico es claro: "Hasta que no haya intervención del Estado, la cosa va a estar cada vez peor".
El fenómeno tiene múltiples aristas que complejizan el panorama habitacional porteño. Álvarez de Celis señaló cómo el aumento de divorcios multiplica la demanda: "Hay una familia y, por una ruptura de pareja, se va de casa y tiene que alquilar otra vivienda. Aumenta por dos la demanda".
Paradójicamente, no hay déficit de viviendas en la Ciudad. Muñoz aportó un dato revelador: "Hay 230 mil viviendas más que hogares" en Buenos Aires. El problema es que buena parte no se destina al alquiler tradicional: "Hay un 10% vacías, muchas funcionan como consultorios o no se alquilan porque los dueños las usan como reserva de valor o para alquileres temporarios tipo Airbnb".
La presión financiera golpea especialmente a jóvenes y familias de clase media. "Hay jóvenes que comparten habitaciones. Se alquilan camas en la ciudad de Buenos Aires. Las camas tienen precio", describió Muñoz. Una realidad que obliga a atrasar la emancipación o compartir vivienda para reducir gastos.
Las inmobiliarias aprovechan su poder de negociación para imponer condiciones ilegales. Muñoz recordó que "en 2017 se votó en la Legislatura porteña que la comisión ya no se la van a cobrar a los inquilinos, sino a los propietarios. Sin embargo, las inmobiliarias te la siguen cobrando igual, porque no te queda otra que aceptarlo".
El costo de vida de los inquilinos es estructuralmente alto. Como sintetizó Álvarez de Celis: "Una persona que alquila paga entre dos y tres departamentos a lo largo de su vida". Una ecuación que, con los números actuales, se vuelve cada vez más insostenible para las familias porteñas y del conurbano.

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