En una casa del Gran Buenos Aires, el cuarto de Agostina Vega permanece intacto. Su pijama rosa sobre la cama, su almohada favorita y ahora unos ramos de flores que la familia agregó tras conocer la terrible noticia. La adolescente de 14 años fue encontrada asesinada el sábado pasado en un descampado de Córdoba, después de una semana de búsqueda desesperada.
Miguel Heredia, su abuelo materno, recuerda entre lágrimas a la joven que quería ser psicóloga y tenía el don de hacer reír a toda la familia. "Nos hacía pasar una vergüenza bárbara", cuenta a Clarín, recordando cómo Agostina largaba sapucais en plena calle cuando salían a tomar helado, dejando a sus tíos fingiendo que no la conocían.
La menor tenía una personalidad divertida y alegre, con facilidad para imitar voces y tonadas. "Un día aparecía de golpe: 'Qué haces tío', entraba y hablaba como española y nos hacía reír a toda la familia", relata Miguel. Agostina no lo llamaba abuelo, sino "Buelo", un apodo que conservó desde que era pequeña.
El crimen conmocionó a la familia porteña. Claudio Gabriel Barrelier (33), único detenido e imputado, habría engañado a la adolescente para que saliera de su casa la noche del sábado 23. Su cuerpo fue hallado desmembrado en el barrio Ampliación Ferreyra, en un descampado de 240 hectáreas.
Este lunes se conocieron datos relevantes de la autopsia. Fuentes judiciales informaron que la menor sufrió "un daño severo en vísceras" y que "la pérdida de integridad de órganos dificultaron" la realización del estudio. No se pudieron tomar muestras de hisopados tradicionales para detectar signos de abuso debido al estado del cuerpo.
Melisa, madre de Agostina, recién este lunes salió de terapia intensiva tras una descompensación y ahora está en sala común. Se espera que le den el alta este martes. "Hoy le dieron la noticia a mi mamá, la bisabuela de Agostina, que ya venía sospechando", cuenta Miguel, quien destaca que estuvo acompañada por dos psicólogas para recibir la confirmación.
En medio del dolor, hasta Chingunguña, el gato de Agostina, siente su ausencia. "Entra al cuarto, se sube a la cama y se acuesta sobre su pijama durante horas. Todavía la espera", dice su tío Franco.
Miguel, quien hace un año sufrió un infarto, encontró en la memoria de su nieta la fuerza para seguir adelante. "Mi meta es que se haga justicia. Y no voy a parar hasta que el último hijo de puta que haya tenido que ver algo con la muerte de mi nieta esté preso", declara entre lágrimas, sostenido por su esposa que teme por su salud.
La familia prefiere no dar detalles sobre las circunstancias del crimen para proteger la memoria de Agostina y preservar a quienes aún conviven con el dolor de esta tragedia que enlutó a una familia del Gran Buenos Aires.

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